mejorlavidasimple

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jueves, 15 de junio de 2017

hambrunas

frío
duro
piedra congelada
roído de los pies hasta la espalda
ausente de todos mis recuerdos,
aguantando una flema que no pasa.
barnizando
pintándote las uñas a rayas.
expulsando resina por las grietas
por las rajas que no están curadas.
sudando tinta por la piel tatuada,
sorbiendo lágrimas de alcohol
porque llorar
asusta
si no tienes práctica.


vas a vestirte de blanco
pero déjate puesta
esa oscuridad que luce tu mirada.
la soga,
los brazos negros que te ahogan
y esas manchas sucias en la geometría obtusa de tus juntas.
el miedo que lames,
el viento que bate cuando andas por el infierno que guardas,
cuando miras mudo los dolores del mundo
los lugares hundidos
toda la penuria que aguanta un corazón nocturno que echa en falta.


conozco
tu falso bienestar
tu bendito rumor, difícil de apreciar si sólo te dedicas a callar.
se me antoja ubicarte
entre la cafeína y el laxante,
entre el púrpura del marco y una barra de labios.
se me antoja
que podríamos ser algo más
si alguna vez
a solas
aceptamos contemplar las olas.
y tocar tu dolor y tu alegría
tocar de mentira
tocar como juegan las sombras a escondidas
en un cuarto infantil de la Gran vía.


frío
es tu rostro en las fotos,
tu pelo gris plomo

cuando limpias el polvo
cuando saltan los puntos cosidos en tu torso.
no te preocupes tanto
todos seremos tiza temprano.
blandos
frágiles
seres asustados si llega la primera muerte, la que no esperamos,

porque las muertes que vengan después
ya no hacen daño.


eres un signo velado
mientras cierras los párpados aguados
y cierras lento

el visillo del salón que da al patio.
se me antoja mirarte
una vez,

una más,
escribir en voz baja lo que dije en el parque,
llorar asusta
sólo
si tienes hambre.



viernes, 9 de junio de 2017

juego de granadas

la sientes descender por tu pecho
y bajar a tus piernas
hasta los pies que arrastras.
no te das cuenta
pero vas

con la falda calada.
la mancha la tapan tus manos
mientras andas.


no has comido,
tu cuerpo no digiere la esperanza.
bebiste poco
pero no recuerdas

a quién explicabas
cómo la grava inunda tu playa cuando pones el alma fuera de la cama.
cómo el amor vino alguna vez a reírse en tu cara
y otras, fuiste tú
quien le dio la espalda.


le dijiste
que eres mariposa grávida que vuela sin desplegar las alas,
camelia a veces,
abeja en un panal con la miel acabada.
le contaste
que unos cuervos sin pico se mecen con la luna blanca,
que hay flores clavadas

en la materia gris de todas las ventanas.

le dijiste incluso
que tus secretos los guardas en bocas de alquiler
porque no te fías de quedarte callada.
que cometes el mismo error cada mañana
el error de esperar con ternura
lo que no pasa.
no recuerdas si se marchó
antes o después
de que tú te marcharas.


caminas por la acera seca
con la ropa empapada.
cuando los coches se paran, te paras.
miras el semáforo y sales

cuando arrancan.

la sientes resbalar sobre tu lava.
dañar tu piel como piedra caliente como rama abrasada.
tocas suelo y escondes bajo la blusa
el grito que fabrica la sed que no se sacia.
eres un puzle
de piezas de felicidad rasgada
pero faltan varias.

la dicha nunca es completa
quedan siempre cuevas mal ventiladas.


detrás de ti,
hay un rastro carmesí, muchas gotas de cera pintada.
vas apretando la tela
contra un muslo teñido de
granadas.
los dedos taponan

y los peces empujan
para no morir lejos del mar
ni desangrada.
tú lo sabías,
la ciudad ataca a las mariposas
a la camelia común
a la abeja que se aleja solitaria.
a veces, te juegas la vida,
a veces, por nada.