mejorlavidasimple

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jueves, 20 de abril de 2017

antigüedades

no sé cuándo supe
que no volverías.
siempre eres lo que no regresa
lo que llama pero no se presenta.
siempre lo que se escapa
goteando entre las conchas,
filtrándose
por las alcantarillas de un sueño amoratado y escaso,
por los grifos del cuerpo
que aún

no he cerrado.

la balanza de la cama se inclina hacia el lado que duermo.
no hay más,
salvo el amor calcinado que encontré muerto hace años.
siempre creo que hay un futuro juntos
pero escondido y herido,
que no sanará nunca.
siempre queda un farolillo rojo al final del pasillo,
un niño que me llama
con otro nombre, no el mío.
un gorrión que me agarra en la pelea
que me aparta el pelo de la cara
y me limpia con agua
y me dice que es tarde,
que es la hora, mamá, de regresar a casa y del desarme.


como otras veces
pongo en marcha una vieja quimera

y al pasado lo callo echando tierra.
eres un cuento falso,
como todos los cuentos que me han contado.
eres la esperanza de trapo,
el sol en el fango,
eres el gladiador que en todos mis finales
quiere ser devorado.


el día se mueve en un espacio
donde quedan estrellas
pero como no estás, no quiero verlas.
qué absurda melodía me haces bailar contigo
sin prestarme tu abrigo.


no sé cuándo fue
la última vez que nos vimos,
y ahora,
bajo el efecto del té consumido
ya no recuerdo
si esa vez, hablamos o nos quisimos.
vivir es olvidar de forma voluntaria
lo que nos hizo daño
y lo que perdimos.


si veo por la calle a la derrota,
la ignoro,
no quiero que venga a saludarme,
cuando tú no estás, no estoy para ella ni para nadie.
es un mal momento para encuentros,
mucha debilidad calándome los huesos
y demasiada humedad
en un cuarto sin luz y tan pequeño.


no soy un colibrí de piedra,
me duele el corazón cuando te llevo
cuando te mueves dentro,
cuando la suerte se hunde a una profundidad
que yo no llego.


ya no regresarás,
pero sí escribo que no te espero,
miento.
hoy sé quitarme estas ganas anudadas
el anillo blanco
y el sabor largo del verano,
quiero perder el lastre de tus átomos.
pero no sé dónde dejé el pan cortado
y esta mesa está llena de migas deshechas.
a veces,
levanto la tirita
y toco la costra como una niña,
a veces, no me atrevo
y la pego de nuevo.


hay un momento
en que todas las cosas empiezan a mecerse
y caes sobre mi ropa,
y yo me deshago de ti lentamente,
porque sé que no estás
porque sé que son
sólo
antiguas motas.





 



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