mejorlavidasimple

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lunes, 6 de marzo de 2017

relato de mañana

lo sabes,
te costará levantarte,
tus pies hechos cenizas,
y tu cuerpo
tu cuerpo de barro saliendo de la cama apurado.
los pulmones secos
con una flema de susto en el lado izquierdo,
en el costado del bazo y de la lanza,
en el flanco donde se agolpan como cadáveres
los momentos silenciosos
los enanos de pies grandes,
los que pisan las uvas del corazón
dejando la membrana cardiaca vacía, y llena a la vez
de luz oprimida.


tienes miedo de tumbarte en la cama,
hoy rajaste tu garganta con granos de avena
y sientes que al tragar
se dilata un dolor que abre de norte a sur una caverna,
dentro
haces una proeza anónima con una destreza inútil
que es una torpeza más
convertida en tristeza,
una pena profunda por decreto, tan serena y discreta.
¿qué hacer con tu cuerpo tumbado a la deriva entre las sábanas?
vagar

vagar por la sombra de los sueños
sin atreverte a tocarlos ni a despertarlos.
morar en el onírico vacío de quien sostiene un futuro crudo de huesos,
destruir los muebles,
ver el amor de lejos.


¿dónde por amor de dios poner el pecho?

no quieres acostarte,
no quieres que se acueste,
no quieres la negritud inerte.
pero ya una calma viscosa ha conquistado el cuarto donde escribes a deshoras,
la casa está apagada,
dos respiraciones suenan y te dicen, que no estás sola.
no quieres dormir por si aparece la mujer,
y sin saber que decirte
te mira,
te coloca el pelo con la mano fría
y casi, te acaricia.
te mira y tú la miras de reojo con una calma fingida,
hasta que ella llora,
y empieza a expulsar copas, gorriones, sables y botas,
pálidas estrellas,
muñecas con el cordón umbilical entre las piernas,
matrículas de honor y viajes de trabajo al umbral de las guerras.
y tú congelada
haciéndote la muerta,
sin poder abrazarla,
sin saber
consolarla.


te costará levantarte
cuando el despertador te de la voz de alarma,
la niña a la escuela,
tal vez ella
tal vez ella
tal vez conquiste la igualdad y le corte las rejas.
lo sabes,
tú caíste en la batalla la primera,
destrozando tus tejas como un techo que cede a la tormenta.
hoy

tu mente es un nido de algas blandas,
tu voluntad se quema en la negra llama del mañana,
pero por amor al sol ¡despierta ya! eres la dama de los ojos de nácar,
saca del cajón las podridas cartas, la ropa sudada,
la fauna dibujada,
la carne que atraparon las lianas,
y sé el terco roedor
que muerde hasta escupir
su última lágrima.

 

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