mejorlavidasimple

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martes, 21 de marzo de 2017

el envase

has terminado de beber,
ahora queda el gota a gota de la sociedad que mancha,
la soledad voluntaria,
el enorme pecado de ser yerma y mansa.


la uña nerviosa rompe la botella de agua
rasca el pegamento
araña el hueso masticable del invierno.
vives ¿verdad?
vives aunque lo hagas sin despegar los ojos del vagón de cola del infierno,
aunque conozcas el tramo curvo,
el trazo oscuro,
la mala hierba que cubre tus cenas.


raspas el envase
viendo tus pies al fondo desenfocados y estables,
hundidos en la maleza que imaginas
debe de inundar la acera.
vives ¿verdad?
a pesar de las púas que hay en los lóbulos grises del cerebro,
a pesar de la fuerza con que sopla el temor cuando logra tocar tu corazón por dentro.


suena un quejido de plástico,
un crujido dúctil a tu lado

una voz y un dolor ajeno pero grabado en tu brazo,
un no como una palabra hostil de dos letras simples a tres espacios.


vives ¿verdad?
aunque huelas a sed, a romero seco,
a duda machacada en el mortero.
aunque acabes en el lavabo de un bar frente a un mínimo espejo
mirando a quien te mira
que dice que eres tú
y tú, su reflejo.


tus dedos
se van deformando como ciudades descuidadas sobre las teclas negras,
como humo blanco en chimeneas viejas,
como varas de incienso en el rincón de las plegarias, de las reservas.
tus tímidas prolongaciones
son tristes pinceles cuando tú quieres dibujar y ellos
no pueden.

vives ¿verdad?
vives aunque no te des cuenta del recipiente que maleas,
de que la gente regresa a las siete con carteras llenas
de horarios, de hipotecas,
de guiones, de trofeos, de nuevos seguidores,
de pétalos escondidos en latas de cerveza.


rascas,
de tu rostro cae una mueca
cuando tocas sin querer el pasado en aquella habitación deshecha.
levantas el recipiente,
sacudes el ídolo que veneras, que compras por unos céntimos en las tiendas.
le dices
que odias los deberías acentuados,
las obligaciones púdicas, los verdugos reales o imaginarios,
que odias al cuervo blanco que anida en tu pelo cano
y al que todavía, no crees

haber perdonado.

le dices
que no somos libres
nos atan los pagos, nos ata lo que negamos y lo que mascamos,
nos atan los abrazos.

hablas de un pájaro rojo
de un picotazo,
de una arcada al despuntar la mañana
de ese punto velado del ser humano cuando está solo en la barca o al alba,
de las ganas de apurar el vaso,
de no dejar que el volcán estalle antes del último fado.


dices
que el miedo florece en primavera
en las noches de estrellas,
que tienes las uñas cansadas, peladas
pero que a veces vivir

es arrancar la etiqueta
y contemplar vacía la botella.


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