mejorlavidasimple

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jueves, 30 de marzo de 2017

como todos y todas

pisas el hematoma,
la mancha que proyecta tu pelo oscurecido de repente,
esos gestos tuyos
recientes
que insultan la elegancia de las normas,
que detestan
la pubertad de las formas.
te sientas con demencia y platicas con la anciana que mece medio cuerpo y su cigarro
en la fachada.
la tarde se hace vieja, como todos y todas.


ocurre en las horas más largas,
entre las once y las dos de la mañana
entre las tres y las seis, de madrugada,
cuando los gorriones cantan o duermen como plácidas larvas.

sacas a pasear con correa tus penas y las dejas sueltas para calmar necesidades y tristezas,

vas con tu bolsa negra de plástico en la cartera
y recoges excrementos o maleza,
lo que deje sobre el suelo
la pereza.


tu futuro tiene el vientre plano del calendario.
estás helada de estío,
doblada de golpe por el frío.
qué duros te deja los tendones ese cuarto vacío.
te sacudes el deshielo y tu nieve se junta con el humo de la anciana
que regresa a la ventana.
aquello
es algo que adoras,
es la imagen de un museo callejero,
es arte usado,
un cuadro con el marco torcido en tonos claros,
o sólo
un papel que anuncia cuentos sujeto con un alfiler al cemento.


aplastas la hierba,
levantas la tierra, escarbas con fuerza,
buscas una libertad que ya no crece en cualquier parte como antes.
te paras junto a una farola que luce sola
parece el único fuego de una cocina donde se cuecen heridas.
para ajustar tu ropa
paras frente a un vidrio que te devuelve una a una y lentas tus noches rotas.
te quedas un minuto atrapada en la tienda de mascotas
protegida en su interior apagado y sin abrir la boca.
te quedas el tiempo justo para notar
que no lo has conseguido,
el tren se ha ido
sin él y contigo.


ya no concedes entrevistas a la muerte
ahora mides los riesgos
y los miedos.
ahora cambias continuamente de rumbo y si puedes
de recuerdos.
la mujer de la fachada suspira por amor mientras hecha la ceniza en la baranda,
y tú utilizas su nombre
para llamarla.


desde arriba
dice que ni viuda ni jubilada, ni virgen ni casada.
se toca la melena que no está
pero estaba,
sacude la bata, caen flores cortadas de lata,
óvulos secos que murieron dentro de su cuerpo,
colillas todavía encendidas,
granos de sal que ya no puede echar en la comida.
la agita como un mantel, una sábana,
esa prenda que lleva puesta como una capa.
después se tira.
reaparece en el portal
y es una niña.
te dice que son trucos para reírse un rato de la vida.


cuando te vas,
te permites a veces un chaparrón de angustia,
te concedes un punto de sutura,
algún viaje huérfana de maletas, sin torres de defensa.
porque al final,
otras tardes se harán viejas.
habrá fachadas,
cigarros que iluminan las ventanas,
ancianas que se asoman,
niñas que cruzan los portales a deshora y que curan a mujeres

que caminan solas,
como todos y todas.





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