mejorlavidasimple

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viernes, 27 de enero de 2017

dieta de posibles

vas a herirme
con el azul y el verde sujetado
con las raspas del pescado que acaricia la llama
la bandera blanca.
vas a inclinar el pico de tu pala
y tu cuchillo
hasta apoyar el filo brillante en el arco gris de mi mirada
allí,
donde la miel se derrama.


puede que falles,
entonces dejarás los guantes
sobre el cobre de algún corazón roto,
que esta vez
está vivo.


vas a sacar del delantal
el tapón de la botella descorchada,
lo harás entre amenazas
y yo te miraré
sin saber por qué callas.
vas a contar las hormigas
que suben por mi vientre,
contarás
y ellas hambrientas de obras y palabras
dejarán el bocado que les distes
para esconderse en los pliegues de mi ombligo hundido.


puede que aciertes,
y un amor sin gestos ni ojos
dormirá en el óvalo de todas las musas que embisto.

o puede
que vuelva la alergia a las sábanas prestadas
y entonces
tendré los órganos hinchados
el cuerpo lloroso
las ideas con asma.
delante de mí,
las cosas serán viejas prematuras que no acertarán

a meter la llave en tu cerradura.
detrás de mí,
sirenas de largos cabellos y labios carnosos
esperaran su turno en la pescadería,

cavarán su venganza,
y en el mostrador de cristal entre escamas,
la sepultura.

vas a mentir
y lo harás con el dulce sabor de la fruta escarchada,
mientras yo sólo veo
el color del papel que te envuelve,
el destello en la membrana.
vas a montar
como otras veces,
un teatro sin focos ni asientos,
un escenario donde flotan seres planos
de formas trasparentes
que aman la imagen del espejo en silencio.

lo sé
lo sabemos,
entre nosotros hay siempre un molesto ruido de fondo,
un martillazo en el suelo

toques en el pecho
una tormenta en la grieta del tímpano que tiembla.
siempre la goma tensa
vibrando
perdiendo el equilibrio con la lengua

la boca abierta.
siempre pidiendo deseos
que no llegan.


y puede que no me hieras,
que no inclines el filo
que no mientas
que no haya escenas ni escamas
que no vuelva la alergia a ver el amor de cerca.
puede que no,
que yo,
cansada de emitir en baja frecuencia
o hastiada del tiempo traspirado
del moribundo
del pecado y la moqueta
de la altura de las sombras que proyectas,
del frío que se siente sin cielo en la azotea,
o de mí,
no produzca ni una pluma más
y el agua
que me seca
por fin
se detenga.



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