mejorlavidasimple

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lunes, 26 de septiembre de 2016

A escondidas

se me da bien a escondidas seguirte la pista,
oír los relojes
reírme de las ruinas en descomposición de varios días,
envolverme en un trapo
mascar el aroma a salitre entre los labios.
se me da bien a escondidas
doblarme sobre el vientre
espirar a sorbos cobardía
comer con los gatos latas de un manjar graso una medicina,
sentarme en las bolsas de plástico
hacer globos con nombres de supermercado de lavandería
y volar sobre la tierra amarilla

sin ser vista,
y deshacerme del lastre entregada a la noche
al ciclo vulgar sideral en pleno mediodía.


se me da bien a escondidas
ahorcarme por amor como fiel heroína,
subir las escaleras del castillo y partirme de risa,
disfrutar del insecto atrapado entre mis párpados,

del ojo que a veces me domina
cuando el mundo es una imagen simple
absurda
o burda
de mí misma.
se me da bien preparar la comida a escondidas sin encender un fuego
sin colocar los platos sin secar la vajilla,
comer sobre el neumático gastado de la víspera
y simular tu voz
en un disco rayado que por favor
se repita.


se me da bien odiarte hasta que empiezo
de nuevo
a venerarte,
doblar mis vertebras con escasa alegría
sentir mi carne cruda
esa oscura belleza que arranca la luz a las cerillas también a las bombillas,
y plantar mi cara en el cristal redondo
y sonreír con agujas clavadas con la pupila fría.
se me da bien a escondidas
matar el tiempo
asesinar manecillas
después de planear la coartada perfecta para seguir viva,
sé deshacerme del cuerpo
de sus números perfectos y momentos
y no cavo una fosa
porque el hielo muere solo si es caliente la guarida.


a escondidas
llevo mal llorar porque me siento una perdiz perseguida

ahogada en tus públicas habilidades
tus tiernas maravillas,
ya no tengo ganas de pintarme la cara con golondrinas.
entre lágrimas
me siento una digna cucaracha más en la cocina,
la víctima de una injusticia,
otra gota perpleja que resbala hacia su desintegración tras la caída.
y no quiero consuelo
porque si alguien me consuela se me da fatal seguirte la pista,
por eso dejo que descarrilen
uno a uno
los gusanos de la manzana bendita,
el cerebro cargado de cerezos,
los óvulos entrenados para salir a la pista,
y quito las pinzas a la ropa tendida
y la veo descender limpia, suicida, por la fachada hasta la acera vecina.
a escondidas
ser
no se me da bien,
pero prefiero el hambre a dejarme saciar con la rutina,
la sed a recoger tus propinas,
y no quiero saber
no quiero hacer
no quiero decir
no quiero leer nada más
en lo que reste del día.





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