mejorlavidasimple

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lunes, 18 de julio de 2016

oro viejo

han cambiado tus manos,
lo sé cuando te toco.
hueles a lo que deja el verano
enterrado,
a suelo encerado,
a veneno sagrado.
no me crees cuando te digo que ya no está ninguna,
ni una de ellas.

aún retienes sus sombras,
permites curvas oscuras en las horas,
fantasmas que consiguen que regreses
como hacías entonces
desnudo y de repente al cuarto abonado,
al lecho viral
donde habías estado.


sin sonrisas
los vértices de tus labios empiezan a odiarte.
hace meses que tienes las venas vacías,
los ganglios hinchados,
lo sé cuando te toco

sin prisa.
hoy
tu encanto está apagado,
el pasado clavado y el presente
en carne herida pero viva,
y te sientas delante de los días como quien espera la bala prometida.
te han desplumado

como siempre
en la misma curva de la misma avenida,
por eso

subes al tendido eléctrico y llamas a una mujer
con tu voz fundida.


conoces la victoria de la vida perdida,
el error,
el falso maestro,
el único caballero candidato a limpiar el desierto,
eres el conductor,
el piloto en barrena que invoca un cuerpo
en el descenso.


quieres enlazar tus dedos
con los dedos que crea el ocaso,
porque sabes

que no encontrarás una boca que te haga caso.
yo voy a verte,
sólo a veces, voy a verte,
y veo la celda abierta
y tú dentro
hirviendo con viento lento
tus ofrendas.
y el vaso que me sirves se rompe al agarrarlo,
mueves tus glóbulos negros,
se comen los míos blancos.

en nuestro silencio,
soy un mal aprendiz del lenguaje de tus párpados blandos,
cuando
cantas la nana del genio oxidado como un gorrión asustado,
cuando me enseñas

ese femenino olor de los abrazos dados,
y el verso libre de los nadies que no aceptan
el falso papel de ser alguien.

contigo,
me he acostumbrado a la marea baja
y al cielo seco

donde buscamos otras veces oro viejo.
acerco mi mejilla al pomo de tu puerta,
y grito tu nombre
con fuerza,
y nadie
ni siquiera tú, dentro de la casa
me contesta.





 

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