mejorlavidasimple

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viernes, 22 de abril de 2016

pluma azul de ave primitiva

todo lo que miro
se deshace,
se deshace en infinitos círculos,
pompas de saliva en la boca de un niño,
y
extiendo la mano con sus mil dedos
a un espectro de colores,
y antes de que mi uña lo toque
el viento arrasa con las bolas mansas,
con todas y cada una
de las pequeñas lunas libres
que mi ojo mojado en verde miel
amamanta.

todo lo que veo
es esta despensa desocupada de alimentos,
este cilindro transparente que contiene el vino del equilibrio interno,
anhelo su espíritu
porque anhelo mi regreso.
soy un alma dentro de tu cuerpo,
una boca que lleva tu aliento,
un músculo que obedece sólo, tus movimientos.
todo lo que lees
es la forma floral de los deseos,
los brotes prendidos a la cadencia del pecho,
trazos hondos que con los años
fabrica para mi rostro
un saber cavernario.

soy como tú
salvo que tú no sabes como soy,
no te imaginas lo efímero que es mi tallo
ni el perfil invisible de mis pétalos al estirarlos,
no te imaginas
ni en el mejor de tus posibles tiempos,
lo poco que tengo y lo mucho que retengo.
no te imaginas
las cintas planas de mis nervios,
la fiebre alta
cuando nado en un desierto en vertical y mar adentro,
con dunas de ocho metros,
mar adentro,
con peces que me muerden la punta de los dedos.
es un viaje en bicicleta
al mundo subterráneo de los dragones perfectos
y perversos,
que escupen utopías
mientras te roban la salud
te piden perdón
y se llevan prestadas tus horas de recreo.

todo lo que hubo
trajo ceniza y escombros,
por eso en el zapato hay barro,
en las manos la pulpa de la fruta exprimida,
por eso
la bolsa del pan la guardo
en el cajón sin pomo de la cocina.
soy pluma
azul
que se posa con el recuerdo fósil de un ave primitiva.
he creído,
he descreído
he creído que algo podía hacer con lo vivido.
el silencio de aquel encuentro
fue el diamante más puro,
más bruto, más terco,
el más duro regalo que me has hecho.
la vida se contrae
con un golpe de tos a su agujero negro,
la misma vida que repta por las venas de millones de cuerpos,
por la energía blanda del prófugo universo,
polvo instantáneo que mezcla la leche y el esfuerzo,
bébetelo todo,
sé bueno.

soy cómo tú
salvo que tú no sabes como soy,
y yo no sé cómo eres tú mar adentro,
allí entre infinitos centros,
entre infinitos discos de color que estallan sobre el coral seco,
sobre la ductilidad del baile de un insecto,
ese punto negro
que asciende con un par de alas centímetros del suelo.
el tren se mueve
pasadas las dos de la madrugada,
todas las ventanillas están empañadas,
los cristales sudan,
la humedad en movimiento en vagones de hierro,
veintiún siglos de amor en los asientos.
pero cierra los ojos – me digo
respira en silencio,
deja que todo se deshaga,
que circule la sangre por el cable del ascensor de la entrada.
abro la puerta, llevo olor a jazmín y estoy deshecha,
tú vuelves mañana,
tal vez la tela de araña se reconstruya
si hace falta.



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