mejorlavidasimple

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miércoles, 9 de marzo de 2016

la comida

te mueves sin darte cuenta
te mueves como el copo de nieve que se estrella en la acera,
cargada de algún vicio permitido o prohibido,
sin aumentar las camas para heridos, la lista de desaparecidos.
es sólo la muerte de algo grande
ahí dentro,
es sólo la pepita que cae en la grieta de la ropa abierta.
es sólo y solamente
la soledad pétrea descosida que remiendas
que coletea dentro de un sobre amarillo
de una carta aérea
cuando grabas el remite en la cubierta y la cierras.
te sientas a comer con el loco de los ojos huecos
que fuma sus dedos artríticos y viejos,
juntos renegáis del dolor y de la guerra,
de los cuerdos en sus cuerdas.
él se dice a sí mismo que el pasado es tiempo seco
es fruto mordido y descompuesto,
y el presente,
un misterio que germina estéril,
vértigo y vómito disimulados,
el canto de un gorrión delgado.
el futuro
es sólo la fiera cohibida sin aliento,
la arritmia de su pulso lento,
el amor aplastado por su propio peso.
resuena entre sus dientes que la nada es mortal y perece
que sólo la mentira que encierra la tierra
siempre es verdad que regresa,
por eso,
él volverá a buscarte,
y a entregarse.
acaba la comida
y se aleja.

rugen los trenes dentro de las alcantarillas,
y debajo suena la música del vientre
que las niñas comprenden y los demás,
adivinan.
su humo es todavía una marea negra que avanza
y te despierta,
llegas al portal y abres la puerta.
le escuchas callar:
si todo es un engaño, déjate engañar,
da marcha atrás en el callejón sin salida,
golpea los muros con los faros
y enfrenta la pendiente,
no me tengas miedo, ni a mí ni a la muerte,
ni al olvido,
ese olvido que perseguirá tu coche siempre,
tú retira su soga de tu nuca,
de tus mejillas frías,
de la frente marchita y las axilas,
de las piernas que presionas dormida.
no te dejes ninguna caricia
en el camino, dónalas todas
para mendigar otras.
no tengas pavura del ogro que respira
aunque seas la única hembra que lleva a su cría,
aunque seas
la planta torcida al borde del precipicio
con la raíz podrida.
adéntrate con fuerza primitiva
en el vaho que desprenden las rosas menos hermosas,
y perfuma tu sudor de cobra,
perfuma el ambiente de la alcoba,
el lugar donde envejece cada cosa.
piensa ciegamente,
deja pasar los insectos por tu cerebro
rondando tus instintos ebrios, tus ídolos maltrechos,
aún si tu corazón vencido a cañonazos
se cae a pedazos.
yo vendré a buscarte
y a entregarme.
tú salúdame con la mano agitada
como otras veces,
sin ayuda de palabras, deslumbrante en tu bata
con la que a menudo bajas,
indiferente a los dioses esclavos
y a las muñecas perfectas del café de al lado.

pero hace tiempo que no está
que no os servís la sopa en la mesa,
y te falta su locura, el don cultivado
que pocos aprecian,
desde hace días, sigues de pie recitando en el aula,
uniformada,
rezando al reloj circular de la pizarra,
clavada en la tarima mientras
unas moscas grises y asustadas se suicidan.
no crees en tu victoria, al menos
no crees en tu victoria a solas,
sabes que vendrá a buscarte
y a entregarse,
cuando cambien de posición las rosas
y de manos, las derrotas.
 

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