mejorlavidasimple

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martes, 19 de enero de 2016

letras viejas

vienes vestida con letra vieja
con espasmos tensos
con una tos custodiada por velas en el pecho,
vienes con esa respiración que conozco,
que te abulta el cuello,
y hablas
de las tijeras que cuelgan de tu pelo,
de cómo expulsar de tu cuna en barbecho
la enfermedad parida con esfuerzo,
pero
¿a quién más le cuentas esto?

te sientas mientras la ciudad emerge
y ennegrece
alrededor de nuestras luces infieles
al ritmo que marcan el alcohol y los hoteles,
y hablas
de que sigues intacta por tributo a un absurdo
que perece,
y por temor a la fiera que te hiere.
a las dos en punto, hará ocho años
que nadie pone en tu cesta
los arcos de color del sol en la tormenta.
te han encerrado en su cola las sirenas
y no podrán las medusas evitar tu condena.
en tu mirada hay una costra trasparente
que palidece,
un corte limpio que sin alimento
crece.

veo que sigues despierta en ese cementerio
que no es lugar para vivos ni etéreos.
de repente, estás desecha,
das un giro de cadera en la silla de madera
como si un recuerdo de amor
te sorprendiera.
y casi me echo a llorar
pero apreso las lágrimas con un sorbo de iris a tiempo,
siento que voy a escuchar de ti
ese gemido particular de mujer negro,
el que escribes
con letra vieja
femenina y pequeña sobre el verso,
pero
¿por quién haces esto?

Sé que vuelves a sentir frío
cuando pasas cerca de las puertas
de tiendas elegantes, de librerías llenas,
y notas en la yema de los dedos tu pereza,
el tímido sueño que te niegas,
el algodón donde hundir tu mente clausurada de ingeniera.
dices con burla blanda que ser perfecta, apesta.
en diez minutos, sonríes varias veces y brillan tus dientes
con esas caries que aún tienes pendiente.
no hay gastos posibles ni visibles
en los meses que restan en tu cuenta,
comes del cero productivo y destructivo
del caldo de cultivo de los labios que prensas.
hablas
de envolver tus páginas en un sobre de tierra
en el bajo profundo,
hasta que el mar
filtre tus penas por el pozo que caves en la acera.

de repente, estás plena,
eres dos lunas,
das un giro completo de cadera en la silla de madera
como si volvieras a hacer el amor por vez primera.
a las dos, hará ocho años
que lo esperas.
no sé en qué momento te levantas radiante
me abrazas
te alejas dibujando con tres manos tus gacelas,
y me inyectas en la piel
lo que fue tu tristeza.

miro el letrero del bar
lo reescrito como siempre
con letras viejas.

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