mejorlavidasimple

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

las cosas

las cosas hastiadas
que llevas en el delantal de tu regazo
con extrema lentitud,
con signos de oclusión en los bordes granates de tus ojos
tan hastiados como las joyas rojas
que portas en el mandil que nunca dijiste
es la señal integra de una derrota.

vienes andando
del campo de trabajos forzados
del amor que sangra y del odio que se lava,
del lugar
en el que revientan la órbitas planetarias,
las de tus huesos cabalgados en la sombra
y por las sombras, que dejaste
entrar en casa.

llevas la huella del universo
como un número de registro
en la piel del cuello,
piel fina, tan blanca y castigada,
como un signo astral del olvido que mascas,
llevas
un perfume de jazmines por debajo del sudor
que exhalas.
tu faringe caliente, tu flema preñada,
ese embarazo de encuentros
con recipientes llenos de veneno
que tal vez
bebiste en la cama
mientras uno dormía
y el otro, amaba.

entras con la llave de su casa
al portal de penumbras con redes de arañas muertas
o hastiadas,
cruzas el umbral
esa selva de plantas negras que revientan las telas
que remiendas,
que separan el dolor de dos moscas con cargas contrarias
borrachas de metales duros
que se rechazan.

ese cuerpo que se marcha a envejecer
mientras tú te quedas,
tan nublada,
tan pasiva ante lo que te amenaza.
firmaste el pacto,
te tocó transportar las cosas hastiadas
entre capas de cansancio
que traes de otras paradas,
cargarlas
sobre el mandil que estrenas hoy
sobre un pantalón y una camisa sin color ni marca.
la luna que llevas a cuestas
es tu amuleto obsoleto contra la rabia.

hay una mujer que se aleja,
otra se queda mirándote
cortándote las uñas, las pestañas
contándote las canas, las legañas
la artrosis de los dedos,
tu sequía en los pómulos
en los talones del pie,
la otra que eres
te pincha las encías, el globo ocular,
la carne blanda,
y tú,
con esa desgana tan sólida

tan pasada de moda
tan hervida y quemada a fuego lento
calcinas los momentos
que el día te regala.


por esas cosas hastiadas,
sucio el delantal, tu regazo,
por todas las cicatrices blandas de las plantas
gritas al espejo mordiendo la jaula,
la vida está astillada
lo sabes,
y la tienes clavada,
pero cualquier día

lo sabes también
se seca

la vieja hojarasca.



 

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