mejorlavidasimple

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miércoles, 16 de diciembre de 2015

veinte años

Tengo el fruto
tuyo y mío
en el vientre
desde hace veinte años,
una semilla bruna
plantada
en tierra fértil,
olvidada,
una vid con racimos de uvas
empujando el intestino
elevando el estómago
provocando a menudo
una nausea efectiva
y a veces,
un llanto corto
como un rayo que fulmina.


Tengo las manos dormidas
y no despiertan
ni para ver la luz del día,
apenas trabajan
apenas hablan
manos domésticas
que no quieren pertenecer a una casa.


Soy la conquista
del miedo y su contrario,
porque advierto que la libertad
no existe
ni para héroes ni villanos
ni para dioses ni diablos.


Palpo mi piel
tan abultada
que me cansa llegar a la cima,
este paisaje de colina única
camina conmigo,
con todos los sentidos
que descubre
el alma vulnerable
peligrosamente urbana
y humana.


Huelo distinto
por dentro y por fuera,
dentro,

huele a origen
a hierba fresca
a globo salado
a sustancia orgánica
a vía láctea,
por fuera,
huele a ti

a algo de ti,
que es todavía.

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