mejorlavidasimple

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lunes, 28 de diciembre de 2015

días de ventanas

desde hace semanas está en la sucia ventana,
la espalda reseca, acantilada
la cabeza apoyada
los muslos que descansan,
el cráneo lleno de piedras
de cortezas color perla
de residuos de aluminio vertidos en la madre tierra.
es obvio que espera
y espera que todo lo inservible
descienda a sus polos helados e invisibles,
es cierto que sueña
con escenas que habrás de imaginarte
porque no las cuenta.
el puño del olvido marca en su cara
un esmerado ardor en su mirada,
toda ella es figura esculpida
en el cristal opaco del piso cuarto,
es la heredera del aire que traspira por el vidrio de las puertas,
es la dueña del tren que la lleva en tercera
a una selva sin árboles que la protejan,
y en la aduana,
el amor es el único bien que declara.


detrás de un telón de azúcar quemada
cocina cien gramos de tristeza congelada
con algo de alegría disecada,
echa pimienta negra y aguarda
como un eremita en el interior de su larva.
gasta el tiempo asomada,
piensa que cambiará el placer que no le ofreces
por un hora encerrada en esas camas
con vistas a un mar de olas altas,
camas de uñas que suben y bajan
que a veces amenazan nubes bajas.
ella musita
ella habla
ella sabe
que todo el que cierra sus ojos, traiciona un alma cercana.
cada mañana,
aunque su cuerpo no quiera,
acaba con el gorrión de la baranda,
aunque sienta pena
aunque muera con él
aunque un segundo después, con un sollozo lo abraza.


entre grises y azules
aparece la silueta intermitente del hombre

al que como nunca amó, nunca rechaza.
pero es de él

la picadura debajo de la blusa que se rasca,
la cornada que se palpa,
el invierno de sombras que la tapan.
lee su nombre en las señales de tráfico,
en el desvío de una calle del barrio, aislada y secundaria,
y entonces, ladra
por su afónica existencia de mariposa sin alas,
mientras el atardecer
choca contra el cristal naranja de otras casas.


dijo que iba a salir
de su madriguera y de madrugada sin lámpara mágica,
para ver estrellas negras en el techo de tiza blanca,
y borrar caminos falsos, y apartar la maleza

mientras anda.
seguro que son malas las horas
que pasa contigo, con tu reflejo enfermo en la ventana
y es que la claridad directa, te apaga,
por eso,

clava en el cristal
sus tacones de punta fina inexistentes,
sus labios de carmín transparente,
sus dardos de amistad cobardes y candentes,
y se hunde, en tu armadura de caza
en la lata de cerveza que tu boca tapa,
en el breve final que resalta
los huecos que dibujan las fachadas.


salió y antes de regresar, sé que estuvo
ella te vio y tú me viste
se sentó en el lecho de un océano deshidratado y simple,
mudando la piel del cuerpo cuantas veces cupo,
calló en aquel túnel accidental del tiempo
en la médula del verso,
tenía ojeras
cuencos de leche negra en un rostro común de amapola tenso,
un rostro que es mío, y esto cierto.
de esa noche en ti,
quedan huellas vagando, frutas vacías, tiernas,
frases culpables pero sinceras,

la sangre sin defensas,
de esa noche sin ti
no queda
ni siquiera ella.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

veinte años

Tengo el fruto
tuyo y mío
en el vientre
desde hace veinte años,
una semilla bruna
plantada
en tierra fértil,
olvidada,
una vid con racimos de uvas
empujando el intestino
elevando el estómago
provocando a menudo
una nausea efectiva
y a veces,
un llanto corto
como un rayo que fulmina.


Tengo las manos dormidas
y no despiertan
ni para ver la luz del día,
apenas trabajan
apenas hablan
manos domésticas
que no quieren pertenecer a una casa.


Soy la conquista
del miedo y su contrario,
porque advierto que la libertad
no existe
ni para héroes ni villanos
ni para dioses ni diablos.


Palpo mi piel
tan abultada
que me cansa llegar a la cima,
este paisaje de colina única
camina conmigo,
con todos los sentidos
que descubre
el alma vulnerable
peligrosamente urbana
y humana.


Huelo distinto
por dentro y por fuera,
dentro,

huele a origen
a hierba fresca
a globo salado
a sustancia orgánica
a vía láctea,
por fuera,
huele a ti

a algo de ti,
que es todavía.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

las cosas

las cosas hastiadas
que llevas en el delantal de tu regazo
con extrema lentitud,
con signos de oclusión en los bordes granates de tus ojos
tan hastiados como las joyas rojas
que portas en el mandil que nunca dijiste
es la señal integra de una derrota.

vienes andando
del campo de trabajos forzados
del amor que sangra y del odio que se lava,
del lugar
en el que revientan la órbitas planetarias,
las de tus huesos cabalgados en la sombra
y por las sombras, que dejaste
entrar en casa.

llevas la huella del universo
como un número de registro
en la piel del cuello,
piel fina, tan blanca y castigada,
como un signo astral del olvido que mascas,
llevas
un perfume de jazmines por debajo del sudor
que exhalas.
tu faringe caliente, tu flema preñada,
ese embarazo de encuentros
con recipientes llenos de veneno
que tal vez
bebiste en la cama
mientras uno dormía
y el otro, amaba.

entras con la llave de su casa
al portal de penumbras con redes de arañas muertas
o hastiadas,
cruzas el umbral
esa selva de plantas negras que revientan las telas
que remiendas,
que separan el dolor de dos moscas con cargas contrarias
borrachas de metales duros
que se rechazan.

ese cuerpo que se marcha a envejecer
mientras tú te quedas,
tan nublada,
tan pasiva ante lo que te amenaza.
firmaste el pacto,
te tocó transportar las cosas hastiadas
entre capas de cansancio
que traes de otras paradas,
cargarlas
sobre el mandil que estrenas hoy
sobre un pantalón y una camisa sin color ni marca.
la luna que llevas a cuestas
es tu amuleto obsoleto contra la rabia.

hay una mujer que se aleja,
otra se queda mirándote
cortándote las uñas, las pestañas
contándote las canas, las legañas
la artrosis de los dedos,
tu sequía en los pómulos
en los talones del pie,
la otra que eres
te pincha las encías, el globo ocular,
la carne blanda,
y tú,
con esa desgana tan sólida

tan pasada de moda
tan hervida y quemada a fuego lento
calcinas los momentos
que el día te regala.


por esas cosas hastiadas,
sucio el delantal, tu regazo,
por todas las cicatrices blandas de las plantas
gritas al espejo mordiendo la jaula,
la vida está astillada
lo sabes,
y la tienes clavada,
pero cualquier día

lo sabes también
se seca

la vieja hojarasca.