mejorlavidasimple

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miércoles, 18 de noviembre de 2015

no es un mundo para palabras

tengo presente que no es éste un buen mundo para palabras
y menos para pensarte
como sólo puedo pensarte
con una fiebre que gotea
por los azulejos a colores de mi alma inflamada,
como una fina hierba que antes de alcanzar el cielo
se arrepiente y escapa,
hay que pensar
porque pensar no fue nunca
la mercancía de sujetos con recursos numerarios,
con medallas compradas, con títulos falsos o heredados,
con portadas plastificadas en revistas plagiadas o diarios,
porque los mares que adoro con esta extraña calma,
los que saben de plantas curativas para aliviar las vanidades del alma,
los que quieren cambiar la suciedad que a todos nos marca,
piensan,
y lo hacen bien, y además
no cobran nada.

y yo, yo no le soy indiferente a sus lunas,
ni quiero,
dejo
que su tierno delirio repose sobre mis muslos apagados
mirando las rodillas que asoman huesudas y cruzadas,
dejo
a los mares con sus hondas planas
lamerme las entrañas
hasta que aprendo la sabia pereza del mañana que regresa,
la negación de la cordura falsa que asoma en la espuma montada.
me quedo quieta
como roca despierta
hasta que mi ardor de aprendiz de flores de paja
me sacude,
me arranca con sus dedos de ancla las espigas varadas,
las púas clavadas sobre mi carne agobiada.
Tengo presente que no,
no es éste un buen mundo para palabras
y menos para echarte en falta,
porque pesa mucho y mucho es demasiado,
esta negrura urbana,
esta cascada de voz asustada,
esta espesura inhumana de razones mentoladas.

te cuento que siguen los días
con sus vicios dorados que acaban disparando a las alas,
siguen
las vallas que olvidan el despropósito que las levanta,
las trampas que sin verse
las sientes opacas y cerca de tu cara,
los duelos existen
dentro y fuera del alma amarillenta de histéricos fantasmas,
sigue
el jardín de alambre que frena la libertad que no puede ser atada,
y el único árbol de otoño,
lo supe ayer,
sigue perdiendo sus ramas.

hoy,
a plena luz del día,
una accesible ignorancia civilizada
aparece en cualquier retablo de fama
como una grave enfermedad que te amenaza.
hoy,
de la locura
rescato el silencio que la acompaña,
alguna frase triste, como nombrar la sed sin tu mirada,
yo no tengo la luz ni el valor de los ojos que amo y amaba
esos que, vestidos de primavera
siembran las calabazas que los ratones cazan.
el hoy
me picó en la espalda y en las piernas,
me picó en las arterias,
me picó los labios que estrenaba,
y entonces
la vida me supo a tinta quemada.

sin embargo
cuando los abrazos no acercan los hombros que abrazan,
hay que inventar besos
que orienten con sus faros a las barcas,
gestos
que retrasen la llegada del último temblor,
de la última pérdida en la ventana,
que curen los cortes
sobre las venas de una emoción frustrada.
ahora
que extiendo el brazo para tocarte en la cama
y en el extremo opuesto de esta tabla helada
topo con la espalda que no deseaba,
ahora
me duele el aullido de los pájaros tímidos que recorren
los techos desconchados de mi caja torácica.
tengo presente que no es éste un buen mundo para palabras
y menos para hablarte,
quisiera decir amarte,
sé y no sé, que no vendrás a sanarme,
que detrás del grifo, el agua continúa cayendo
manchando la esperanza,
el acero oxidable,

la esponja azulada,
mi rostro al despertar,
la cabeza inclinada.

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