mejorlavidasimple

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lunes, 30 de noviembre de 2015

por delante de tu rostro

me digo que no será tu rostro
en el que habré de sacrificarme hoy
con la misma debilidad de mañana,
prefiero una simple letra que huela a oración,
a respuesta a la taza,
a petición rescatada de las algas suicidas de una calle anegada.
todo menos tu rostro,
aunque no entiendas lo demás que venga,
tu rostro, no.


el estómago
indaga en el cráter azul de una fruta fantasma,
en la piel irritada por un tornado que arranca las hamacas,
que alcanza
las costas más ásperas, las desabrigadas,
el litoral de un mundo con úlceras cegadas.
éste es un orbe que arroja pequeños cuerpos de luz
sobre la sal del mar y los cantos de agua.
tengo
miles de diminutas hormigas
con intenciones de huida
recorriendo ordenadas mis cómplices entrañas.


y en esa oscuridad del órgano indefenso,
mi aliento polar se defiende en un altar de invierno,
sin vestido blanco ni encajes de pureza en las muñecas,
sin ganas de vender
la libertad maltrecha que adelgaza mis venas,
tú todavía
habitas la madriguera dorada que te calienta las garras,
que te protege las manos cuando las manchas.
tu rostro, no
porque como siempre, y hoy es siempre
tu niebla extiende por mi orografía ácidos vitales,
un sudor inquieto cuando despierto.
me digo que apartaré el vaho con el índice
dejando en los cristales de tu coche una frase en mi nombre,
un mantra que mantenga cada noche
tu mirada lejos del color de mi broche.


y aunque no estás
enciendo todas las luces artificiales del barrio,
las bombillas del baño, las farolas en desuso del patio,
aunque no estás
tu rostro sigue pegado como una nota
al papel de la pared del cuarto,
como un lienzo que cada mañana arranco, y luego
intento arreglarlo.
a las diez
camino como lo hacen los ciervos asustados,
con un corazón de metal agitado bajo el brazo.


por la escharcha
soy un barco pirata con bandera blanca,
separo del camino
la ignorancia agria de la boca que no calla.
muevo el vello del rocío, alguna hierba en la lágrima,
una perla falsa.
veo un anciano que baja por la cuesta de los días
sin apenas sentir el sol en su piel sombría,
hay una madre delgada que musita apurada
mece a la mujer que fue y al bebé que amamanta,
entonces
sucede el milagro confesable y olvido tu llegada,
aunque no entiendas lo demás que venga,
tu rostro queda detrás
de una luz ahogada, de una madre, de un anciano,
de los miles de insectos
que dentro de mi cuerpo
siguen batiendo sus alas.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

no es un mundo para palabras

tengo presente que no es éste un buen mundo para palabras
y menos para pensarte
como sólo puedo pensarte
con una fiebre que gotea
por los azulejos a colores de mi alma inflamada,
como una fina hierba que antes de alcanzar el cielo
se arrepiente y escapa,
hay que pensar
porque pensar no fue nunca
la mercancía de sujetos con recursos numerarios,
con medallas compradas, con títulos falsos o heredados,
con portadas plastificadas en revistas plagiadas o diarios,
porque los mares que adoro con esta extraña calma,
los que saben de plantas curativas para aliviar las vanidades del alma,
los que quieren cambiar la suciedad que a todos nos marca,
piensan,
y lo hacen bien, y además
no cobran nada.

y yo, yo no le soy indiferente a sus lunas,
ni quiero,
dejo
que su tierno delirio repose sobre mis muslos apagados
mirando las rodillas que asoman huesudas y cruzadas,
dejo
a los mares con sus hondas planas
lamerme las entrañas
hasta que aprendo la sabia pereza del mañana que regresa,
la negación de la cordura falsa que asoma en la espuma montada.
me quedo quieta
como roca despierta
hasta que mi ardor de aprendiz de flores de paja
me sacude,
me arranca con sus dedos de ancla las espigas varadas,
las púas clavadas sobre mi carne agobiada.
Tengo presente que no,
no es éste un buen mundo para palabras
y menos para echarte en falta,
porque pesa mucho y mucho es demasiado,
esta negrura urbana,
esta cascada de voz asustada,
esta espesura inhumana de razones mentoladas.

te cuento que siguen los días
con sus vicios dorados que acaban disparando a las alas,
siguen
las vallas que olvidan el despropósito que las levanta,
las trampas que sin verse
las sientes opacas y cerca de tu cara,
los duelos existen
dentro y fuera del alma amarillenta de histéricos fantasmas,
sigue
el jardín de alambre que frena la libertad que no puede ser atada,
y el único árbol de otoño,
lo supe ayer,
sigue perdiendo sus ramas.

hoy,
a plena luz del día,
una accesible ignorancia civilizada
aparece en cualquier retablo de fama
como una grave enfermedad que te amenaza.
hoy,
de la locura
rescato el silencio que la acompaña,
alguna frase triste, como nombrar la sed sin tu mirada,
yo no tengo la luz ni el valor de los ojos que amo y amaba
esos que, vestidos de primavera
siembran las calabazas que los ratones cazan.
el hoy
me picó en la espalda y en las piernas,
me picó en las arterias,
me picó los labios que estrenaba,
y entonces
la vida me supo a tinta quemada.

sin embargo
cuando los abrazos no acercan los hombros que abrazan,
hay que inventar besos
que orienten con sus faros a las barcas,
gestos
que retrasen la llegada del último temblor,
de la última pérdida en la ventana,
que curen los cortes
sobre las venas de una emoción frustrada.
ahora
que extiendo el brazo para tocarte en la cama
y en el extremo opuesto de esta tabla helada
topo con la espalda que no deseaba,
ahora
me duele el aullido de los pájaros tímidos que recorren
los techos desconchados de mi caja torácica.
tengo presente que no es éste un buen mundo para palabras
y menos para hablarte,
quisiera decir amarte,
sé y no sé, que no vendrás a sanarme,
que detrás del grifo, el agua continúa cayendo
manchando la esperanza,
el acero oxidable,

la esponja azulada,
mi rostro al despertar,
la cabeza inclinada.

domingo, 8 de noviembre de 2015

transparencias tuyas

conozco un patio
un hueco abandonado
un césped de colores claros y alargados,
donde danzan las diosas más viejas,
los dioses más cansados de la tierra,
y quiero llevarte
llevarte de la mano
hasta encontrarte.


agarrar tus dedos transparentes
en esas manos de aire que me tiendes siempre,
ver tu rostro translúcido caminar junto al mío
y que el sol salga y se ponga
por la holgura del árbol
que aspira el humus tierno de los ralos abrigos.
quiero avanzar
como hago todavía,
sin dedicar al amor la victoria y menos, el día,
sin darle recompensas,
sin colocar un laurel en la telaraña que teje en mi puerta.
caminar contigo
con la nueva costumbre

de encontrar una guarida fría, que haya vacía,
vacía de metas, de tiranos,
vacía de una vida sin sueldo y sin descanso,
aunque tu voz no arranque nunca en miradas,
y la mía, alterada,
caiga por el desagüe de un baño público directa a la pálida nada.


promete que al navegar
no dejaremos entre las flores quemadas
ninguna queja despierta ni sembrada,
ni una palabra armada,
ni un beso flotando en la boca que lo dio por muerto antes de llegar a otra,
yo tocaré tu cuerpo fundido y cristalino
para saber seguro
que aún sigues conmigo,
saber que tu carne de éter y gelatina fresca
no ha dejado por accidente o azar la balsa de piedra,
la ruta que nunca marcamos con visibles trazos
cuando volvimos ambos
ajenos e inclinados, por el mismo canto del asfalto.


comeremos en alguna cantina de barrio
un caldo de verduras sin pan ni tabaco,
y mientras no estén los platos
sobre el mantel sucio de cuadros,
leeremos la letra pequeña del cartón de un vino caliente y aguado,
las horas pasarán
marcando las servilletas a picotazos,
con la grasa de tus manos que sólo consigo imaginar de lejos,
con el carmín barato de mis sueños que comen lentos.
me preocupa
que salgas del local sin probar bocado.


siempre noto tus labios traslúcidos
silbando sobre todas las cosas odiosas
de un futuro que es pasado anticipado,
tengo atravesada en mi esperanza
tu silueta de gas, tu aliento evaporado,
y cruzas mi cuerpo con el tuyo cuando cambias de lado.
quiero llevarte
llevarte del brazo
hasta encontrarme,
para dar forma plebeya a las bellas leyendas,
las que pasaron de largo
sin soltar bendiciones bajo nuestras suelas.
quiero de nuevo tocar tu rostro,
y al saberte límpido, aéreo, fluido y trasparente,
o serlo los dos
o ninguno

o ser yo, tu ausente.