mejorlavidasimple

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lunes, 5 de octubre de 2015

la mariposa en el estiércol

me he levantado con miedo,
sigo con miedo
miedo porque ayer leí algo que no entendí
y porque entendí que cualquier algo puede llegar sin previo aviso
y que daría igual que llegara con previo aviso
porque al final, lo desastroso es que llegue
a mi vida
a esta existencia en la que hoy
me he levantado con miedo
en la que sigo con esa punzada en los vértices débiles del bajo cuerpo,
allí donde caen los atléticos rayos ambiguos
de la incertidumbre cruda sin condimentos
de la que no se procesa la carne ni los deshechos.


me he levantado con un mal recuerdo de un pensamiento
que cuando quise ahorcarlo
prefirió huir por la fosa cavada entre dos sacros defectos,
y vi de nuevo
aquella mariposa blanca sobre el estiércol
que se posó en la mierda con invisible tiento
que se sintió insegura pero que ya no pudo volar muy lejos.


y esta triste manera de perder el tiempo,
de pedir por señas al afecto, propinas a la puerta del colegio,

puede que sea el padre de un grito que tengo desde hace tiempo,
un grito bien educado, técnico, amordazado y atento
en un poste de teléfonos
anegado en la mala prosa del aliento nocturno de los bares despiertos
los que suenan cuando hay oscuridad y un profundo silencio.


tengo un aullido que escondo al público y está hambriento
que creí sumiso en su encierro, pero que llevo expuesto
a piratas y veletas,

a un sol de chicharra que disipa a profetas y expertos,
es un ladrido

que pega las alas del unicornio negro en los libros de infancia
los que narran pequeños pasados, que no fueron.


me he levantado con miedo
un miedo que combate todavía con los tallos roídos de mis sueños
que inventa estaciones donde cobrar la entrada, al deseo de seguir viviendo
que conoce las vidas vecinas,
que baja la escalera sobre la barandilla
sin tocar un peldaño ni una seguridad
como un relámpago de delirio en la pesadez del empeño,
un miedo
que siembra en el fondo de las camas migas duras de pan seco
y deja canas en la almohada planchada.


la muerte, como antes la vida,
se conjuga con todos los verbos y en todos los tiempos,
vuelco el recipiente ingenuo después de mucho pensar
o sufrir,
y dejo sobre el suelo lo que nunca me llevaría al desierto.


lo sabes, y lo siento
tengo entuertos, que tal vez merezco,
a solas, saco las espinas del pecho, me desenredo el pelo,
toma lo que describo
como el simple pellejo de un temor asado en el espejo,
como un secreto, que no sé por qué
sólo a ti, desvelo.

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