mejorlavidasimple

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domingo, 9 de agosto de 2015

barcos de piedra

esta ciudad tiene barcos de piedra
que fondean en noches de aldea,
y sueños con auroras
que siembran las aceras de aceitunas negras,
pero todo aquí es ajeno a tí
hasta la luna llena que penetra,
la que un día miramos
tras el vidrio brumoso de un ocaso,
la esfera iluminada aún está en el grifo del baño
junto al lavabo blanco y desconchado
donde nadé un segundo,
contigo a mi lado.
Aún hundes tus faros oscuros
hasta el fondo turbio de mis ojos blancos,
tu masa se evapora y se dispersa
por la sala de espera atestada de estrellas,
en este orbe onírico que examino despierta,
mire donde mire,
nunca estás cerca.
Mi oficio es caminar por la calle salina
velando tus huellas,
sin tener el amor suficiente
para entrar por la puerta
del universo dorado que frecuentas.
Así son las cosas,
lo importante a veces
son las sombras,
esa nube gris de un destino infantil,
o el silencio impostado trabajado a mano
de un amor sencillo y agotado,
el encuentro común que moldea el afecto
por los bares del barrio hoy desiertos,
lo importante,
es la música original
del alma que talla entre el estiércol
esa perla mínima que luce en un ojal el tiempo,
o el suelo aderezado con la piel seca
de unas hojas dignas y deshechas,
o lo que nadie habla,
lo que no logramos,
ni juntos, ni alejados.
Entra un aire de algodón de azúcar
por la puerta de entrada desgastada,
hay escasa luz en las farolas,
pienso en los muros del mundo
y sin quererlo, se esfuma una dicha tibia

de los armarios abiertos.
La vida debe ser esto y aquello,
es la punzada en el centro,
la llamada en el timbre del pecho,
el paraíso que pierdes
cuando no puedes pagar su precio.
Por eso, quizás y a veces

caen gotas serenas que mojan con destellos
la mancha oculta de un beso en el cuello,
el nombre, el carnet de identidad,
el miedo en el cuerpo,
la tarjeta de descuento para dar la vuelta al mundo
viajando en metro,
pero las noches que importan
son un jardín cargado de utopías y notas,
de cucuruchos que guardan un racimo de horas,
de barcos de piedra que flotan por la costa hendida

de momentos corrientes que rebrotan,
sueño contigo, todavía en minúsculas,
sumergida entre flores y dientes,
en los tallos y las ramas
de los milagros pendientes.

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