mejorlavidasimple

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domingo, 26 de julio de 2015

la vida en la pendiente


puede que le pese la ternura del silencio
cuando su vida advierta el precipicio,
y sea azul
el cobertor del cielo y de sus labios,
ya es gris la blusa que ondea
como el humo o la vela.
Medio cuerpo,
medio tallo verde e inclinado
por el balcón de un azar no liberado,
por la pendiente rasgada de la taza,
bebiendo el té cargado
sin consumir en el vaso su pasado.
Recuesta la mirada
en el vidrio de una tarde indiferente
a la espera de una noche
que salga mutilando su desgana,
aguarda la oscuridad candente y deshojada
que abrasa el horizonte perfumado,
del que nadie contempla

en ese instante,
los cambios de color, la belleza grana,
sólo ella parece atizar con torpeza las llamas.
Revive pecados clausurados
en las palmas de sus manos,
y el vértigo pétreo del dinero gastado
en meses sin trabajo,
le pesa el plomo del anzuelo
que atraviesa su carne a la profundidad velada,
hasta tocar las sábanas del lecho añil y deshecho.
Le duele con frecuencia
la punzada del rayo que descarga
en las cumbres desiertas de las venas abiertas,
en la geografía frágil y adversa
de sus ojos de hoja pasajera,
en la resaca de los años que insoluble y borrosa
su extraño amor por las cosas vanas
derrota.
Antes del precipicio,
lucía en el centro del pecho

una fuente secreta y muda
de cascadas vírgenes e impuras, de saltos de agua,
la mina dorada
donde crecen las flores buscadas,
pero su alma incolora

no sólo en los cines llora,
todo lo que hubo
acabó retenido por feroces olas.
Ahora tiene
la última puesta de sol a sus espaldas,
y hay anuncios de manchas hostiles
en la ropa de cama,
las puertas donde ella se apoya
se derrumban solas.
Desde el umbral abonado de recuerdos ahogados,
mira las rejas de la silla de enfrente
que ocupas siempre.
Vuelve la voz flaca,
el sabor agrio de la excusa lisiada,
la cara engrasada con crema barata,
ella se abandona al tango de sus nervios,
tras la armadura de barro
la sangre caliente se desprende,
y algo definitivo, se pierde.
Queda en la pendiente
un cartel de Se Vende esta vida por otra,
pero ella no se arroja,
todavía hay un hombre,
un maldito nombre que le huele a rosas,
que cura sin saberlo
sus desnudas sombras.

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