mejorlavidasimple

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domingo, 5 de julio de 2015

Cuídate, también de mí


me muerdo la lengua
para no hablar de ti a las paredes
ni a los pájaros despiertos,
mis pestañas llenas de polvo,
cumbres de perpetuas nieves,
están abiertas,
te quiero ver llegar cuando anochezca.
me muerdo las ganas presas
sin quitar la mirada del cristal graso
del mar pálido de una esquina mugrienta,
esa arista roída
donde mi piel respira ebria
el olor diferente
que trae tu serena presencia,
donde el silencio
es la voz constante que me dice
que ayer tuvieron tu rodilla y la mía
una deriva secreta y pasajera,
un roce que a plena luz sería normal
sin restos ni cenizas muertas,
que fue en la penumbra aparente
un contacto punzante
que rasgó la yema de los dedos,
el iceberg licuado de mi cuerpo.
ayer tus manos musicales
ascendieron la curva tangente
que toca
el único punto real de mi universo.
y un volcán estalló
sobre el cuero caliente del asiento
dejando bajo la lava blanda
los muebles pétreos de la sala,
las gargantas de gente cercana,
todos los puntos y aparte que había pospuesto.
y entró
en la escarcha dura de mi pecho al acecho,
el reflejo en mate de tu ojos negros,
y de repente,
del árbol que formamos
las hojas ardieron.
ahora, como siempre y nunca
soy simplemente
la necesidad escrita de ser hoja extendida
que aguarda la luz de tu vida,
la brizna de hierba que sostiene una perla,
una cualquiera,
aunque ésta
no deje de escurrirse hasta una muerte cierta.
me muerdo los labios secos por el metro de madrid
y me fumo el deseo envuelto
en papel de liar con intentos de versos,
me fuerzo en borrar del espejo
el dibujo de mi aliento alzado por tu beso,
uno que me supo
a lo que debe saber lo eterno
cuando es tierno.
Cuídate de mí, corazón,
que, a veces, muerdo.

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