mejorlavidasimple

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domingo, 21 de junio de 2015

el color de mis ojos que ya no recordaba

Dedicado al dinero,
con todo mi desprecio


duermen nuestros sueños como si fueran cuerpos,
como muertos,
aunque, en realidad,
yo todavía remo en el estaque pastoso de la sala
como una niña idiota ilusionada con aquello que no pasa,
estoy donde el amor resbala,
el mío hacia ti
directo de un pasado de calma hacia la aguja helada de hojalata,
resbala el amor trivial de la lluvia sucia que decargas
y el absoluto amor
del que no entiendo por qué insistes y me hablas.
Siento el descenso aletargado de las gotas negras de grasa,
el cariño amarillento mendigado entre dientes empastados
cuando el silencio chirría en el suelo de casa.
Cada vez más larga
esa distancia que una sola sábana ya no abraza,
cada vez más dulce
cualquier ungüento sobre mi boca apretada
que aplique un charlatán piadoso en la batalla.
Ninguno de los dos quiso rasgar el plástico que le enterraba,
y cultivó lirios,
cientos de vidrios en el plato de pasta,
miles de zarzas
dentro de los zapatos molestos de la entrada,
pusimos el afecto fermentado en carcomidas tinajas
y entramos en la trampa bipolar interpretando el papel
sujetándo las máscaras,
ahora, cuando hablan de amor
no sé de lo que hablan.
Tengo en mi pecho lunas menguantes de puntas afiladas
y un corazón en guardia
sobre miles de púas en olas atrapadas.
Llenamos de escombros roñosos nuestra isla desierta
y hoy somos náufragos

penados a nadar en medio de la acera,
mira, pensándolo mal
no quiero,
no puedo,
no necesito nada,
después de tanto estiércol abonando las ganas que no llegan,
de toda esta tristeza taponada en las venas,
de todo lo vivido sentados a la sombra de cloacas inmensas.
Vamos llenos de intentos que perecen,
de zombis que regresan
para salvar con uñas desgastadas las ruinas saqueadas,
y ahora suspendidos, la vida nos castiga en la pizarra.
Ayer, un hombre se acercó a tocarme la cara
y habló del color de mis ojos que ya no recordaba,
¿es el tiempo amarrada? no sé,
es la astuta ignorancia que también se contagia
porque no hay cuerda, no hay ancla,
no hay un solo motivo para que no me vaya.
El fruto de mi vientre lo llevaré conmigo,
mas hay otra lacra,
es el pan que no ganas lo que te atrapa,
el dinero que araña hasta una simple página,
para esta mujer
no hay zapatos de reina que un ciudadano paga,
pero ahora,
tengo un arma infalible y humana,
sé el color de mis ojos

y son verde esmeralda.

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