mejorlavidasimple

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miércoles, 20 de mayo de 2015

Viaje a la orilla verde


El cielo vive seco
en la orilla verde,
en la playa sin futuro que me brindas,
en la sal dulce del agua tostada,
en la vida asustada que encarnas.
Un coche se acerca y nos secuestra,
somos grava tirada en el camino,
ramas que se tocan
cuando la lluvia cae, y mansamente,
se marcha.
Siento el volumen de tu cuerpo sin ser mío,
y lo que sucede,
sucede en tercera persona,
donde no estamos ninguno de los dos,
donde no importan las sombras,
donde no somos, cuando ser sobra.
Cruzo el oro aferrada a tu mano sin saberlo,
y por primera vez, te miro,
te dibujo,
te sonrió,
me despierto.
En tu pupila oscura
arde el acento de la frase quemada,
el tópico silente del ayer preso,
cárceles de celos bloqueadas de amor,
el alcohol de un dolor consumido y deshecho.
Tus manos huelen a tierra escarpada,
al sudor de flores rojas que no llegan a casa,
a sueños blandos y enfermos
que acuna la noche triste
si viene embarazada,
mientras,

tu vida y mi vida callan
esos sucesos banales que no dicen nada.
Te mueves, y me muevo,
como una invitación mutua a una utopía clara,
a un desvío, a un deseo que no apruebas,
a una adivinanza asida en la grieta de labios
que no hablan.
Soy la mujer que en un día de sol
el destino coloca a ciegas

borracho y perturbado,
y aún así,

mis ojos tan vecinos a los tuyos
en algún raro momento,
te amaban.
Abro un hueco a la semilla que lanzas,
al hueso de la fruta que nos falta,
a ese pensamiento entre palmeras
que emites de costado hacia la cama.
Seguimos mal sentados,
uno al lado del otro,
en un silencio armado que nos guarda,
y pido una palabra
y la palabra llega, con su flecha y descarga,
entonces, la libertad se apaga.
Vuelvo al suelo vendido donde jugué de niña,
a la barra de pan,

al llanto en el cristal de la ventana,
no sé qué es lo que pasa,
vuelvo a la niebla, a la aguja enhebrada,
al viento del deshielo,
vuelvo a la orilla verde,
en un coche
con la vida cercada.

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