mejorlavidasimple

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miércoles, 29 de abril de 2015

Sobre todo, ella


A las mujeres de ciudades libres

Sobre todo,
es esa boca arruinada y desvalijada
que espera en la consulta sin querer respuestas,
segura de que a su edad
los acertijos han sido resueltos,
que el día y la noche, sin cara ni reverso,
son los mismos que fueron.
Su vejez
habla en las pupilas acuosas sin reproches,
y a sus ojos ha vuelto ese azul intenso

del instante primero en que se abrieron,
fuera ya de la madre,
lejos del vientre calmo del mundo
donde fueron hechos.
Quedan manchas sobre el punto suelto
de su chaqueta negra,
la que usa domingos, días de fiesta,
cuando por alguna razón sale a la puerta,
son rastros que deja la sopa
cuando la mano tiembla
y llueve en su barbilla alguna gota densa,
licor de ajo y caracolas,

con sabor a cebolla,
a recuerdos molidos mientras cocina y piensa.
Por partes, la falda oscura, clarea,
ese paño recosido, la tela espesa,
su uniforme de escuela, su escudo,
que a diario cuelga con esmero
en una simple percha.

Lleva la prenda salpicada de migas secas,
de la barra de pan que pellizca
cuando se sienta a la mesa,
come sin apetito, frente a una ventana abierta
donde dice proyectan
películas de amores perros y felinas guerras.
Sobre todo,
es las manos que esconde
dañadas del pudor y la inocencia,
a los veinte, apoyaba sus dedos blancos
sobre las piernas, vírgenes de estíos y tinieblas,
que olían a jabón, a lumbre de leña,
a colonia en frasco de cristal y fresca.
Los huesos deformados

hoy rozan a destiempo con músculos lentos,
con un cuerpo encorvado
que desciende
solo a su centro,
y ella se cuenta
el cuento
de que aún queda tiempo,
que el alma es femenina, y nunca pide
ni hombre ni materia para seguir siendo.
A su edad dice, la edad de los aciertos,

le gustan las ciudades libres,
donde mueve pujante
su figura cambiante
por el muelle sumergido de los puertos.

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