mejorlavidasimple

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sábado, 18 de abril de 2015

Feroz primavera


En esta feroz primavera,
surgiré de las rayas de tu camisa
o no surgiré nunca,
porque en ti
hay piedras que alargan el camino,
esa ruta escarpada que no deseo acabada.
Surgiré de los espacios solitarios
que duermen detrás de los sillones,
de las esquinas desnudas
que sólo alcanzan las farolas viejas.
Prenderé a mi blusa
aquel guiño de segundo
en que me supe vencida de por vida,
y algo del polvo vetusto y azulado

que vuelcan en mis piernas
sabias fieras.
Y ahí mismo, donde haya quedado
la huella irreversible de mi zapato en el asfalto,
allí crecerán pequeños intentos
en poca tierra,
y parirá el cemento un poema prematuro,
que habrá de nacer invisible
o no nacer nunca.
Amigo,
que me falta una rama en el sol cuando amanezco,
que me falta una ola cuando las cuento,
que este mundo cuadrado
se desplaza horizontal por un plano universo,
que salgo de las botellas por el estrecho cuello
apretando las curvas de mi cuerpo
en el cristal opaco que marcan tus dedos,
que de todos los barcos que estrellé contra las rocas
aún me alcanzan sus maderas húmedas
y aún me tientan las fosas.
Surgiré de la línea de esa boca cerrada
o no surgiré nunca,
porque a veces, amor, no hay más remedio
que trasnochar con la desgracia,
y echarla un brazo en la espalda,
y acercar los labios lentamente a su mejilla azorada.
Te dejo la llave en el mostrador del bar
sin una dirección que te oriente,
y es que me sobra lo que no sucede,
todos estos silencios de hierro, esta historia

que no comienza, pero que cada noche
al bajar la persiana, se vuela.
Surgiré del pétalo carnal de cada ojo,
o tú surgirás de mí,
o de esta feroz primavera de hojas tiernas
con perfume barato, ya agriado,
que te recuerda.

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