mejorlavidasimple

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martes, 13 de enero de 2015

Signos vitales


Hay un olor frío de rodillas dobladas
las de una mujer que tirita ternura
tal vez arrullada,
las de un hombre que mira las suyas temblar
tocándose el pelo,
queriendo salir
cuando los dioses de la infelicidad
le reclaman.
Hay una espesa niebla sobre el vaso caliente
también sobre la taza,
ella bebe cristal, él porcelana,
ambos rozan sus vientres como si allí durmiera
el destino o ladrón
que ninguno de los dos
atrapa.
Hoy ha muerto deprisa la tarde
como huyendo del día o de la vida,
mientras ella cosía
la red de su blusa,
y él la grieta abierta en la camisa.
Olía a desamor vulgar
a vertedero de afectos
a poza conocida que visitan.
Hay un dolor de soga en el cuello
que palpan,
una cintura hinchada
que marca el duelo eterno del mañana,
de la carne de ayer agotada.
Hay una mujer que me mira
y un hombre que oye mis pasos
sin importarle nada.
Soy la otra que va vertiendo
pálpitos lívidos en mares secos,
por cielos sólidos y lienzos,
que me atrevo a olvidar el tiempo,
los deshechos propios,
que voy donde crezca el loto
del nombre que desconozco,
que pido que caiga en copos
la brisa sobre el cemento
y lo corte en trozos.
No hay estrella que siga
ni me siga,
y la última gota del ojo
la vierto en la mesa contigua,
para leer la mancha escrita,
ese poso acuoso que la madera
no filtra.
Veo una mujer que sigue de rodillas,
y dos signos vitales que se cruzan
uno se acerca lento
el otro se toca el pelo
y se aleja sin prisa.

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