mejorlavidasimple

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lunes, 15 de diciembre de 2014

El árbol de un instante profano

Se paran en su hueco las calles,
en la fracción ignota de un instante profano
libre de contradicciones y correos castrados,
de dientes por costumbre escondidos, apurados.
No hay bruma que desmienta el futuro horizonte,
esa curva fantasma a la que acude templada
cuando vuelve cansada y sin alas.
Oye una inspiración ruidosa e incompleta
de un pecho al que el invierno ha puesto voz quebrada,
hay tristeza exhalada,

certeza de que el hoy no es mejor que mañana,
que el tiempo lo gastan las ganas de hacer,
que uno no llega al final a ausentarse de casa.
Ella sabe que paran en su hueco las lanzas,
aquellas que vienen del cielo demacradas
que llegan tarde
que nunca cruzarán una puerta cerrada.
Cuelga del árbol frutas, frases y aves,
puntos de mar que saben a tierra en resaca,
libros que odia, de los que no se separa,
trozos cortados del ayer
que pegó con celo en ventanas
para que el sol los secara.
Cuelga el malestar del cuerpo, que es pensamiento,
peces y panes hambrientos,
un par de inútiles faldas entre las ramas,
cuelga poseidones que arrasan puntales del alba
que dejan el alma clara, también sin nada.
Busca pequeñas cuerdas para atar por las hojas
ese bello acierto que vino caminando
calmando desde lejos su mirada,
cuando lo tuvo cerca, sus ojos fueron agua.
Ata nudos, tendiendo estrellas sin puntas,
bolas de cristal rasgadas, desdibujadas,
estira sin violencia las cintas de colores enredadas.
Al árbol le quedan huesos que ella no tapa,
le faltan luces y dicha que ella no alcanza,
y algún brillo en el tronco
que ayunte suavemente la venganza
de noches tupidas y heladas.
Ella se estira la ropa empapada, descolocada,
se mueve lenta sin prestar palabras,

debe dejarlo allí, vestido de gala,
en esa soledad desempleada que los dos plantan.
En un instante profano, en su hueco se para
un mundo decorado que esconde las armas,

a ella, el aire le entra impuro como una maza
volcando un gesto urbano sobre su cara,
se resiste a pensar
que él se quede allí

porque ella se marcha.

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