mejorlavidasimple

mejorlavidasimple

lunes, 29 de diciembre de 2014

Imposibilidades de fin de año


Con esa imposibilidad
de recobrar el nombre que acabo de ver,
de llorar el primer paso,
de imaginar el final,
de ocultar la conquista,
de entender que la paciencia quebrada
es la escalera misma.
Con esa imposibilidad
de creer que dejaré detrás de mí
un hombre propio,
que después de ti
habrá una mujer plena,
de aceptar del futuro imperfecto
alguna fuerza.
Con esa imposibilidad
de abrir con tijeras camino a tus piernas,
de rasgar la espalda a la niebla,
de asaltar los espacios que creas,
de buscar el relámpago invicto
que no llega.
Con esa imposibilidad
de quemar
el timbre reservado de tu puerta,
de ahorcar la noche
hasta que con una arcada de ansia
te devuelva.
Con esa imposibilidad
que cubre de musgo las venas,
de hiedras homicidas
y panales de miedo dulce las aceras,
que descansa tranquila en la piel inquieta,
que construye suburbios
donde pierdo a mares mi terca inocencia.
Con esa imposibilidad
de beber de un golpe la temida pena,
de arrancar a la vida una exigua presa,
de resistir la inercia afilada
sin querer arrojarme desnuda en ella.
Con esa imposibilidad
de pedir en los parques
el color de una flor a la tierra yerma,
de ceder al destino
cualquier intento frustrado
de soltar por el balcón del mundo
tu larga cuerda.
Con esa imposibilidad
de recoger las redes llenas,
de no estrechar las manos que me esperan,
de no cruzar el puente atestado de minas
antes de que mi corazón
vuele con ellas.

lunes, 15 de diciembre de 2014

El árbol de un instante profano

Se paran en su hueco las calles,
en la fracción ignota de un instante profano
libre de contradicciones y correos castrados,
de dientes por costumbre escondidos, apurados.
No hay bruma que desmienta el futuro horizonte,
esa curva fantasma a la que acude templada
cuando vuelve cansada y sin alas.
Oye una inspiración ruidosa e incompleta
de un pecho al que el invierno ha puesto voz quebrada,
hay tristeza exhalada,

certeza de que el hoy no es mejor que mañana,
que el tiempo lo gastan las ganas de hacer,
que uno no llega al final a ausentarse de casa.
Ella sabe que paran en su hueco las lanzas,
aquellas que vienen del cielo demacradas
que llegan tarde
que nunca cruzarán una puerta cerrada.
Cuelga del árbol frutas, frases y aves,
puntos de mar que saben a tierra en resaca,
libros que odia, de los que no se separa,
trozos cortados del ayer
que pegó con celo en ventanas
para que el sol los secara.
Cuelga el malestar del cuerpo, que es pensamiento,
peces y panes hambrientos,
un par de inútiles faldas entre las ramas,
cuelga poseidones que arrasan puntales del alba
que dejan el alma clara, también sin nada.
Busca pequeñas cuerdas para atar por las hojas
ese bello acierto que vino caminando
calmando desde lejos su mirada,
cuando lo tuvo cerca, sus ojos fueron agua.
Ata nudos, tendiendo estrellas sin puntas,
bolas de cristal rasgadas, desdibujadas,
estira sin violencia las cintas de colores enredadas.
Al árbol le quedan huesos que ella no tapa,
le faltan luces y dicha que ella no alcanza,
y algún brillo en el tronco
que ayunte suavemente la venganza
de noches tupidas y heladas.
Ella se estira la ropa empapada, descolocada,
se mueve lenta sin prestar palabras,

debe dejarlo allí, vestido de gala,
en esa soledad desempleada que los dos plantan.
En un instante profano, en su hueco se para
un mundo decorado que esconde las armas,

a ella, el aire le entra impuro como una maza
volcando un gesto urbano sobre su cara,
se resiste a pensar
que él se quede allí

porque ella se marcha.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Sin cuerpos


Arrecia el tiempo húmedo en tres dimensiones
y he visto estatuas finas,
venir del horizonte hacia la acera fría,
vestidas con su carne, mortal como la vida.
Te reto, si aceptas,
a arrojar lo que conoces y buscas,
y a no ver en su rostro los ojos ni las sombras,
los pómulos salientes ni las mejillas rojas,
ni el rectángulo alargado donde cabe su boca.
Te reto,
a no encontrar en sus pechos
las curvas del Edén, sino los vientos recios
que vienen del ayer hasta el ahora,
la duda fluida que se agranda
cuando oye su nombre,
cuando toda esperanza de otro mundo, se agota.
Y en el lance,
no hallarás en sus piernas ni detrás de la tela
nada que de antemano, tus manos reconozcan,
ni el músculo distante de la espalda tensa,
ni las torres que anuncian la cadera perfecta.
Te reto,
a sufragar lo que no tocas,
el humo
que protege del oro su derrota,
la llama transparente que acude desde el foso,
la respuesta inaudible que el alba le provoca,
el hálito callado que sobre ti descarga
cuando cruzas la calle, y sin saber qué pasa,
su distancia, te roza.
Deja que sin cuerpo, de físico desnuda,
se presente en tu casa,
con paquetes cerrados donde planta gaviotas,
decenas de luciérnagas, cientos de colibrís, miles de gotas.
Deja que penetre donde escondes las sobras,
el hueco del armario donde un planeta muere cada hora,
donde notas secretas guardadas en chaquetas
esconden de la luz, todas sus letras.
Deja que avance sin olor ni materia
por el nuevo temblor de tu mano derecha,
que asome su presencia tocando tu cabeza
si en el vaho del espejo, te miras de cerca.
No dura,
subsiste en el techo lo que una breve hoja,
el tiempo entre el minuto que escapa y que regresa.
Te reto, si lo aceptas,
a que escojas de ella, no lo que ves,
sino lo que después de mirar
simplemente le queda.