mejorlavidasimple

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sábado, 1 de noviembre de 2014

Sólo ahí


Ella es el océano que oculta la nube creciente de tu espalda
la respuesta a tu venda embalsamada
a tu pecho sin espuma ni corales
a la fría superficie de tu piel de metal purgada y esmaltada.
Ella no acepta en su playa de retales
que llegue la derrota pintada con su nombre en tu mirada,
que el cielo de piedras estrelladas
sucumba por sus piernas detrás de tu llegada.
Ella sonríe, poniendo en agua
los ramos que le ofreces desnudos de emociones,
los abrazos hundidos que profieres
ahogando con tu peso los brotes podados de ilusiones.
Ella lava
esa salvia caliente que dejas en su tronco cuando atracas,
el cráter profundo que abres a los pies de su muralla,
y reza, y sólo ahí reza,
al despuntar los barcos por la casa.
Y antes de que las voces que trajiste queden calladas,
ella es infiel a la ropa planchada y retocada,
a las melenas largas y peinadas,
a los puntos de luz que indican el camino hasta tu plaza,
a esos eternos metros de distancia, donde su corazón se oxida y falla.
Ella corre como loba preñada que protege
si ha de arrullar sus días en un lecho cálido de paja,
si ha de llevar su alma original entre los dientes
por un destino imperfecto de existencias azules blanco esperanza.
Los ecos que zarparon levantan las cortinas limpias y enlazadas,
y ella repasa frases oliendo a plata fina en la ventana,
espera el despertar de un fado en los portales,
suelta amarras.
A esa hora no existe para ella el reino de hambre urbana,
ni la vasta pampa de verdades falsas,
ni los trenes que despegan sin levar ancla.
Ella es el nombre de mujer que escapa de tu vientre,

el temblor profundo de un mundo subterráneo que no alcanzas,
el caudal que arrastra el miedo insuperable que guarda tu garganta,
ella aplaza

la derrota anunciada de tu fruta pasada,
la ausencia del botón izquierdo de la manga.
Ella surca bosques de arrabales estando cerca de ti
cuando ves que analiza en silencio su cosmos, o el tuyo,
sin decir ni una corta palabra.
No tienes su registro en la agenda de números cargada,
no harás planes con riesgos, no saldrás a buscarla,

no cavarás la tierra que está encima del cielo
ni el cielo que se esconde bajo tierra,
pero aún,
ella es un contorno invisible encerrado en tu rutina
un deseo posible que tu fuerte debilidad evita
la confusión de un cruce que niega liberar la sangre oprimida,
es un cuerpo vivo que existe, cuando existes,
y rezas, sólo ahí rezas.

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