mejorlavidasimple

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martes, 18 de noviembre de 2014

El amor cometido


El amor cometido
deja arena fría en la alfombra de fuera,
un reclamo sumiso en la nevera,
animales huidos de trampas perfectas,
tibias hondonadas donde apoyar los dedos,
deja el condimento azaroso del silencio parco
al prestarte los besos,
errores hervidos en el mismo consuelo,
ese peso del pecho abrigado y latiendo,
el olor de otra piel humana en el aliento
del único de los dos que espera.
Mientras
el ruido de un avión cruza la mesa puesta,
y me retiro con la humedad de la casa
al cristal de la puerta,
miro el marco inferior donde explotan
los hilos de una cascada que baja lenta,
y voy al lugar donde un mar cualquiera de lunas plenas
convoca el calor vehemente de la acera.
Llega la risa que anuncia una paz cosida,
ondas que alcanzan el lodo y el loto,
cae nieve oscura en la almohada aplastada,
veo ojeras sobre la cama hecha,
y en el espejo de un mueble de madera,
cruzan miradas dos mujeres idénticas
que han aguardado eras para hablarse
y al verse, callan.
Tal vez reconocen en sus rasgos iguales
aquello cedido por nada,
esa superficie afable y confitada,
el gozo que aparecía de pronto
removiendo el café espumoso con las alas.
Les recojo el pelo a las dos como si fuera propio,
y atiendo tu llamada desde el cuarto,
te abro en la distancia la frontera cerrada.
Las nubes descargan un gas de azafrán
que estampa en rojos la pared de la tarde,
que encoge mi sombra corporal al propagarse,
que crea espacios donde acoger a dioses
de escasos recursos y breves discursos.
La ciudad se encierra en coches habitados,

en el metro atestado,
en los pozos de amor secos del barrio,
y en esta playa mutante de sabios ignorados,
de amantes solitarios, de héroes amarrados,
crece la hierba fresca de archivos y rarezas,
hay un reflejo líquido de deseos no dichos
que prende poco a poco en la taberna,
hay esa claridad rasgada en la ropa planchada,
el catálogo de un día más, cumpliendo la jornada,
y en ese horizonte desnudo que nadie vigila
la tierra y el agua de nuevo se separan.
Me llamas desde otra ventana
para escribir el final del amor cometido
del relato no habrá portadas,
no hay titulares para las castas bajas.
Te confieso antes de ser acusada
que me duele a veces como un castigo injusto
lo que no tuve,
duele como una daga,
como una hebra de pelo enredada,
pero pronto pasa.
Hoy abandono la idea de amarte,
y olvido tu memoria en los altares,
de golpe esta historia se llenará de canas,
soy culpable, lo sé y lo sabes,
como aquellas mujeres idénticas
que de tanto buscarse
al verse, callan.

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