mejorlavidasimple

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Torpeza propia

Qué torpeza, amigo,
querer huir del tráfico de influencias,
de las malas costumbres que riegan las virtudes,
de caricias afanadas que apolillan la piel al rozarla.
Qué torpeza, lo sé,
ir con prosa sencilla
a tu barrio de intelectuales alérgicos a las páginas,
de artistas consagrados que orinan en las plazas.
Gente mediática, decorada,
animadores de pantalla plana,
veletas de corriente,
ni un leve trazo de austeridad
sobre la ropa cara.
Y, en cambio - déjame susurrarte- ,
que es allí
donde la vulgaridad parece acampar a sus anchas,
donde todas las bocas conocen sonrisas falsas,
sus cuerpos añoran cirugías, el alma, no añora nada.
Qué torpeza la mía, aceptar encontrarnos
donde nadie calla ni escucha, para hablarnos.
Pasa que nunca pude negarme a una cita
y menos, si sigo intoxicada en su distancia.
Estas calles, amigo,
venden como diferente
lo que huele a armario y a medio siglo de encierro.
La originalidad mendiga por los cubos de basura
se busca algo usado que hacer pasar por nuevo.
Sé que pasarán años antes de volver a verte,
tú cada vez más de allí,
yo cada vez menos de alguna parte.
La gente te saluda y reconoce,
yo acabaré pasando cerca de ti
sin saber que eres tú, sin saludarte.
Acabaré siendo ajena a las alas que despliegas cuando andas
sólo veré tu carne mortal y terráquea,
la humana necesidad de parir deseos dentro y fuera del agua,
tu cansancio que nace debajo del ojo
que muere en el mismo área.
Veré la fragilidad de mis labios que sonríen sin darse cuenta,
con intención de animarse, no de besarte.
Mi único acto reflejo será, como hoy,
mantenerme viva,
el resto es voluntario,
qué torpeza, amigo, la mía.

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