mejorlavidasimple

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domingo, 10 de agosto de 2014

Costura de estío

Repaso mi falda, sus costuras,
puntada a puntada,
sin otro pensamiento que disipar en la tela,
por partes o entera,
tu falsa entrega.
Incómoda coso las dudas caseras,
las luces quebradas, las fotos apagadas,
y queda un ladrón elegante
robando en silencio
el ruido caótico del pecho.
Llegan brumas arrugadas a la entrada,
nubes manchadas de gotas afiladas
que enjaulan las ganas,
para que no escape ni reclame,
para que presa en la silla
no logre abandonarme,
ni olvidarte.
Cae la aguja, se pierde entre las piernas
y al tirar del hilo sale una pena tierna,
un miedo que parió la noche
un beso prematuro y seco
que debió caer tras un reproche.
Sigo cosiendo,
entro en el bar húmedo de colores tensos
con los dedos torpes,
a punto de encallar en cualquier pliegue
sin hacerlo,
a punto de naufragar en tierra firme
sin saberlo.
Con la mano cada vez más lenta,
más vieja la verdad roída,
corto sin tijeras la memoria,
estirando los puntos de la ropa
con deseos fríos de otras horas.
Siento una calma febril y sólida
resbalar por la cuesta de mi cuerpo,
y erosionar sin dificultad
los pálidos retales, famélicos recuerdos.
Queda tu eco de trapo oculto en una calle,
tu dialéctica segura y disonante,
los ebrios fantasmas del ayer
durmiendo en los portales.
Te miro, y no consigo coser derecho,
paso mi mano para ayuntar la ceniza,
las sombras tejidas,
las hojas de otoño perforadas y escritas.
Remiendo una alegría leve
que sigue encendida,
un anhelo sediento de realidad
que aún vibra.
En las últimas puntadas,
me fallan los ojos que te buscan,
las costuras abiertas me duelen como heridas,
el estío se enreda en sus algas nocturnas,
me pincho,
te pierdo en la falda,
al dios de lo banal y desunido,
le pido que remate lo tejido,
que diga quién diablos cosió
mi corazón furtivo,

al tuyo que adoro y esquivo.

 

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