mejorlavidasimple

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lunes, 30 de junio de 2014

Amor reciente

Hace días que encuentro el buzón abierto
la casa iluminada cuando entro,
los libros recogidos, la mesa puesta,
la cama perfecta.
Hace días que llego y la puerta está abierta,
la ropa tendida, el suelo pulido,
los muebles sin huellas,
la blusa en el armario, los cuadros centrados,
las cortinas dejando que la luz, entre serena.
Veo el sofá sin marcas,
los cojines dispuestos a los lados,
el ordenador cerrado,
las notas colocadas de recados.
Ni una miga manchando la madera,
ni una gota caída en la bañera.
Y cruzo el salón hacia el balcón directa,
a respirar imperfección y tristeza,
a ensuciarme los brazos con la baranda de fuera,
a sentir las plantas con sus dedos finos
ablandar mis durezas.
No logro enfocar los perfiles en lápiz
que cambian de acera,
que saludan, que pasan con niños,
que miran sin respuesta unas caderas.
El aire tibio, la luz caliente,
con el ritmo cardiaco del que miente
en hoteles de luto y despachos,
con frases y deshechos que se inventa.
Es la vida cercada que huye a ningún sitio,
da igual que mida el tiempo,
que apile los recuerdos,
camina en línea recta al infinito.
Cuento televisores y fachadas,
destellos discontinuos de pantallas planas,
cuerpos echados que duermen agotados,
y otros que esperan, como yo,
la playa y una lenta madrugada.
Siento el frío lamer mi cuello por la espalda,
el fiasco del deseo, los frágiles verbos,
la indiferencia hija de la abundancia,
y escapo de tu casa inmaculada
hacia mi casa,
por un mar de aguas torpes, de
 calles falsas,
con la esquela de amor

reciente y arrugada.

lunes, 23 de junio de 2014

Nota para gaviotas

Llega desabrigada a barras y taquillas
con pies acartonados, suelas roídas.
Y recuerda abrazos rotos hace años,
el sueño que aún le late bajo el barro.
Yo, como ella,
perfilo con mis uñas en las mesas
mapas de estelas finas que regresan,
los rasgos de ese rostro que nos niega
salir del tiempo usado, del eco amado,
del conocido olor de un ser humano.
Ella aprieta su falda
contra un cuerpo cualquiera,
y alarga la luz parda
de momentos que escapan
sin prestarse las camas.
Ella, como yo,
descubre alguna cana al despeinarse,
y olvida si se puede, los días que perdió
batiéndose en la orilla contra nadie.
Cuando llaman, responde
intercambiando risas y retoños,
sin comentar que sigue deshojada
en el parque del barrio, en el suelo de casa,
en su huelga de hombre,
de heridas que no sangran,
de frases incompletas
que cuelgan del balcón con amenazas.
Para ella, el tiempo
es ese gris que pasea su alma,
es la persona ajena con quien cruza miradas
sin sentir dentro nada,
es el poder viciado que contamina el aire,
que hunde lo posible en su maraña.
Lee libros, labios, versos subrayados,
y a veces, como yo,
busca las llaves,
empuja la puerta,
aparta los zapatos y se sienta,
tirando su derrota con una nota roja
que narra su victoria a las gaviotas.

lunes, 16 de junio de 2014

Ayer quise hacerlo contigo

Sabes,
ayer quise hacerlo,
derribé la áspera muralla que levantas,
retiré del pozo la luna apagada,
las colmenas secas de dádivas,
las capas de cometas derribadas.
Y arrastré los escombros,
peldaño a peldaño,
por la vieja escalera que ruge todavía.
Reconozco que lloré todo el trayecto,
que maldije en la baranda sin testigos
la tarde que acepté tu compañía.
El hierro y la madera desmembrada,
vigilaron de cerca mis paradas,
y recuerdo mirar con avidez
la profunda falla, ese hueco infinito
que se cuela por los pisos,
que existe, sin ser, en verdad, nada.
Sabes,
llegué al felpudo liso de la puerta
antes que la lluvia me alcanzase,
sin dejar sobre el suelo ningún lago,
ninguna lágrima suelta,

ninguna pista extraña.
La espalda tembló tras
el esfuerzo
busqué la llave, la paz en la falda,
y resbalé piel húmeda contra piel quebrada
por la pared tensa, usada.
Acabé sentada donde otras veces
en ese espacio en que aún no estás en casa,
pero, esta vez, no pensé en viajes,
no leía, no tenía en las manos una taza,
no esperaba, ni quería que llegaras.
Esta vez, mi latido entraba en coma,
lejos del cielo y la esperanza,
esta vez, bordaba sin hilo, sin aguja
un adiós corto en bolsa blanca.
Sabes,
ayer quise hacerlo,
lento, marcando la balada con el cuerpo,
con barcos de horizonte en la mirada,
con velas que alargasen
los besos en la cama,
y sabes,
no quise contigo,
quise,
con aquel que amaba.

martes, 10 de junio de 2014

La mujer que no ves

Por una mujer, por tantas. 

No miente, destrozaría tu nombre
si esta paz de su vientre no se negase,
por romper su savia lentamente
y beber las lágrimas
que quería libres de tu marca.
Eres el infierno al que por cielo se llega
la máscara que oculta la vileza
el veneno que emana rencoroso
por las fosas oscuras de la tierra.
Aplastas con tu peso las estrellas,
el mínimo suspiro,
la inocente pregunta
de quien no quiere la guerra.
La boca de ella
tiembla aún cerrada
musita palabras ciegas, que nacen ahogadas,
el perfume negro de su cuello
viene con rancias promesas.
Y el necio destino,
no hunde a la mala gente,
no le condena, le absuelve.
Mientras,
sus manos femeninas pierden fuerza
y su rostro de luto, la calma conquistada,
la virginidad cuidada, la risa franca,
la piel de sus recuerdos
huele a pena profunda y oxidada.
Son jirones de papel, lo que ella arranca,
todo lo que lleve
las letras que te llaman,
el roce de tus dedos,
la muerte que hasta su puerta
arrastras.

miércoles, 4 de junio de 2014

Hombre

Para el hombre de las semanas y los versos 

Eres el hombre que miro,
el perfil que desciendo sin sospechas,
el que vuelvo a subir sin que lo sepas.
La hoja de papel que mezcla victorias afanadas
con precoces derrotas no contadas.
Por tus ojos pasa el rayo visceral
del centro incandescente de la tierra,
son espadas de punta afable y afilada
que atraviesan la realidad preñada
y abrazan la semilla que germina en ella.
Enfocas el momento, y entre tus garras
haces el amor a la planta más frágil,
a la voz que pide asilo entre tus brazos,
a las notas del piano oscuro que cojea,
al gesto interno
de la mano que encuentra
disponibilidad en tu cuerpo.
No devoras nada, pero aplicas
intensidad candente a la vida que cercas,
y arden los dos metros y medio del Café
que nos alejan.
Sólo escucho un rumor exagerado de espigas

al desabrocharme el pecho,
un susurro que espanta pasados y credos,
que pega sus labios en el cristal rasgado
de la puerta proscrita de los cielos.
Eres el hombre con sonrisa guerrillera,
que pasea su alma por barrios de oprimidos e indigentes,
de sabios que mendigan y meditan,
de mujeres que cantan si no duermes.
Toco el vaso profundo, toco la mesa
y una frase de amor me estalla en las yemas,
eres el héroe imperfecto que navega
por la superficie líquida del té que resta.
Los dos sentados, atentos al verso,
rodeados del aliento ventoso de los sueños,
de musas que prensan mis entrañas
y arrancan lágrimas sanas a la ropa calada.
Eres el territorio que admiro,

que miro,
a la distancia acordada.