mejorlavidasimple

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jueves, 3 de abril de 2014

Sin darme apenas cuenta

Sin darme cuenta, te sigo,
entre gruesos troncos de selvas desiertas,
por cubos de basura, y atardeceres

llenos de fisuras y tristezas.
Y ya no espero
ni un breve triunfo,
ni una gloria.
Te sigo, porque al dejarte,
el papel que te escribí regresó

miles de veces a mis piernas,
con huracanes, credos perforados,
sombras sin paredes ni suelos
que protejan.
Y ya no espero
ni un soplo en la mejilla,

ni una flor en la mesa.
Por mi pupila cruzó anoche
la más famélica promesa,
pero me recogí el pelo,
y abandoné el barco

antes de lamentar otra pérdida.
Soy mal capitán de mis días,

lo sé,
con este amor de mar
que reconstruye mis ruinas,
pero no las habita.
Mis horas dejan migas
por calles que conoces
y no tropiezo contigo,

y acabo en un bar
sin humo, bien decorado,
conversando con otro

sobre el placer diligente.
Y ya no espero
ni habitación de hotel,
ni hueco en tu maleta.
Vuelvo,
al lugar donde no tengo casa,
hay sol y nubes,
hay esa estela de calor
que prudente dejas a mi lado,
entre un beso imaginario

que olvidaste para otra.
Y te espero,
sin darme apenas cuenta.

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