mejorlavidasimple

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jueves, 6 de marzo de 2014

Cuatro deseos

Sube, desea una escalera infinita,
un incendio que destruya el escenario,
un asalto que le robe la calma.
No quiere enterrar encuentros,
no puede regresar sola
con la sonrisa sucia
en el bolsillo secreto de la blusa.
La ropa de verano le pesa
como un crudo invierno.
Se detiene,
mira de frente su puerta
y carga con la compra diaria
de momentos muertos.
Sabe que eres y serás
el que no llega,
lo dicen las llaves en sus dedos
que pasa de mano en mano,
no tiene ganas de abrir,
las recoge del suelo,
acabarán cayéndose de nuevo.
Su pecho blando, el vacío,
es cenicero de luces tenues.
Y se cansa de ella,
de sus sueños y delirios,
de la torpeza de la piel,
de poner cuerpo a tierra,
de esa insistencia ciega
de grabar en la madera
torcidos y silenciosos
cuatro deseos.





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