mejorlavidasimple

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lunes, 10 de marzo de 2014

La marea

Esconde su rabia detrás del abrigo,
es capaz de odiarle en un segundo,
y arrojar de su pecho su presencia.
Abandona la plática cerrada,
él no escucha, ella no entiende,
y será ella quien empuje su imagen
al suelo de un abismo.
Huele a humedad el coche que les lleva,
no giran la cabeza,
él retiene con los dientes la tormenta,
ella destroza con sus ojos los cristales,
busca fuera la paz herida y fusilada
por la larga grieta del momento.
Y si abre la puerta, y si escapa.
Sería otra huida al portal de enfrente,  
a la mesa del mar donde amanece
cercada por el té y la madrugada,
por emociones esparcidas
entre migas de papel y estampas.
Comparte asiento,
y entra un hilo de luz que la golpea,
que muestra sus ojeras,
su mancha en la mejilla,
una absurda obsesión por encontrarle.
Huele a humedad el coche que les lleva,
en el asiento sus cuerpos se separan,
con parcos movimientos,
las piernas se apartan.
Ella quiere olvidar pero no lanza las redes
tiene miedo a que venga la marea,
una marea cualquiera,
y se la lleve.

jueves, 6 de marzo de 2014

Cuatro deseos

Sube, desea una escalera infinita,
un incendio que destruya el escenario,
un asalto que le robe la calma.
No quiere enterrar encuentros,
no puede regresar sola
con la sonrisa sucia
en el bolsillo secreto de la blusa.
La ropa de verano le pesa
como un crudo invierno.
Se detiene,
mira de frente su puerta
y carga con la compra diaria
de momentos muertos.
Sabe que eres y serás
el que no llega,
lo dicen las llaves en sus dedos
que pasa de mano en mano,
no tiene ganas de abrir,
las recoge del suelo,
acabarán cayéndose de nuevo.
Su pecho blando, el vacío,
es cenicero de luces tenues.
Y se cansa de ella,
de sus sueños y delirios,
de la torpeza de la piel,
de poner cuerpo a tierra,
de esa insistencia ciega
de grabar en la madera
torcidos y silenciosos
cuatro deseos.