mejorlavidasimple

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sábado, 1 de febrero de 2014

Por una mentira

No sentía los pies,
subía indiferente,
no podía dejar de pensar,
en el batiente de la casa
a la que iba.
Sólo miraba el agua
cargada de tierra,
densa y ligera
como yo otras veces.
Estaba rendida
a la tilde, a la risa,
al imán que retó
mi lado furtivo.
Remonté la calle sin farolas,
tiendas sin mostrador
ni alimentos,
comida, fruta expuesta,
madres que venden
con hijos pequeños,
puestos de tela invisibles,
callejeros.
Podría haber habido
una alarma, un incendio,
un cometa abatido
enfrente mía,
no sentía más vida, que la tuya;
culpé al destino,
por tanto corazón posible
y sólo, pretender uno.
Pero al llegar, 
no existías,
quise esperarte fuera,
fingir una cita,
pegarme al metal, a la puerta,
y por primera vez,
oír mentiras.

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