mejorlavidasimple

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Caracolas

Ruido de caracolas
cuando intento que no olvides,
al menos,
que no me olvides pronto.
Flores gigantes en la línea roja,
porque sueño que vienes
a buscarme a la alcoba,
y cambio el universo
por esa breve imagen
que muere cada noche.
No quiero seguirte,
vasta el encuentro lento
en el ocaso orgánico
que paro,
cuando miro tu nombre.
Suena constante
aquel caer del agua
en las falsas fronteras,
quiero cruzarlas todas,
poner polen de un verso
en un cuenco de barro,
derramar la espera.
Siempre que estás,
hay algún nuevo día.
Ruido de caracolas
en el asfalto crudo,
rostros de amaneceres
en náufragos
que huyen
y rompen sus promesas.



viernes, 7 de febrero de 2014

El cuerpo

Ella, deprisa, cansada,
esperando a que vuelva.
Prevé la llegada,
el baño, el olor de comida,
las horas muertas del día
van caídas.
Una conversación breve, acotada,
el cruce de miradas
corteses, caducadas.
No hay preguntas de ida, ni de vuelta,
conservas en lata,
botes cerrados, alineados,
cada cosa visible
en el lugar errado,
no se dan cuenta.
Si alguna vez, hubiese.
Ella ordena, perdona,
las piernas le pesan,
la piel reseca,
nuevas canas, nuevas grasas,
ya no estrena nada,
su cuerpo es lo que es,
no lo que fue,
no interesa mañana.
Con lesiones antiguas
se sienta,
descubre un hilo suelto,
tira, rompe la falda,
pone el dedo
en la costura abierta,
cierra heridas, las físicas,
las otras.
El tiempo ya no es viento,
ya no mueve, ya no mece,
ya no cuida de ella.
Su tos errante molesta,
y el color del sofá
igual al de hace años.
Si alguna vez, pudiese.
Ella cree sólo en dudas,
cabeza atrás, el cuello cruje,
relee una opinión
entran motas de polvo,
un cuerpo sin un alma
no es un cuerpo,
Lo contrario,
es también cierto.

sábado, 1 de febrero de 2014

Por una mentira

No sentía los pies,
subía indiferente,
no podía dejar de pensar,
en el batiente de la casa
a la que iba.
Sólo miraba el agua
cargada de tierra,
densa y ligera
como yo otras veces.
Estaba rendida
a la tilde, a la risa,
al imán que retó
mi lado furtivo.
Remonté la calle sin farolas,
tiendas sin mostrador
ni alimentos,
comida, fruta expuesta,
madres que venden
con hijos pequeños,
puestos de tela invisibles,
callejeros.
Podría haber habido
una alarma, un incendio,
un cometa abatido
enfrente mía,
no sentía más vida, que la tuya;
culpé al destino,
por tanto corazón posible
y sólo, pretender uno.
Pero al llegar, 
no existías,
quise esperarte fuera,
fingir una cita,
pegarme al metal, a la puerta,
y por primera vez,
oír mentiras.