mejorlavidasimple

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domingo, 15 de diciembre de 2013

Tu estancia

No dejes que unos pocos peldaños
nos marquen la suerte,
ni las ganas de verse en la sala;
la edad cose la puerta,
la distancia que llama,
no puedo borrar de mis ojos los tuyos.
No dejes de subir al piso alto
de esta casa con vistas pasajeras
a la vía de un tren que anda
herido de lluvia,
madrugador y errante.
El día amanece con ruido de cristales
del vaso que rompe el alba;
no logro desatar de mi pelo,
tu ruidosa ausencia,
la extraña existencia.
Y quien nos puso a los dos
en dos puntos del mar tan diferentes,
cuando la mañana encalla en la planta baja,
cuando llego a la mesa que ocupas,
con páginas secretas, escritas,
y subes de golpe el telón que la noche baja,
e iría con mis dedos,
bordando lentamente tu espalda.
No dejes que unos metros de pudor,
echen nuestros cuerpos
en buzones de señas diferentes,
y no tropecemos nunca

buscando la salida.
Reconozco tu voz en la estancia de abajo,
el pálpito que mueve las paredes,
el aire perforado que respiro;
me fijo en los raíles, detrás de la ventana,
mientras debajo de mí,
el único nombre imposible, vive.

 

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