mejorlavidasimple

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lunes, 4 de noviembre de 2013

La ropa cuando amanezco

Amanezco sin prisa,
lejana para el día que comienza,
conquista a sorbos cortos
del pulso que ingresa tarde
por calles abiertas, despiertas,
por esquinas rotas del cuerpo.
Estiro la ropa sin verla,
sabiendo que te quedas
en los contornos planos,
en las hojas frías y firmadas
por dedos que fueron
libres y presos.
Siento la acústica perfecta de la noche,
y ordeno el pelo en la nuca,
no hay horquillas cerca,
lo absuelvo de nuevo
sin preguntas.
Aún quedan en las telas
los restos de otros nombres,
las horas pasadas e inquietas,
ese olor secreto,
náufrago y hundido
lejos del bar que frecuento.
No hay mar en este cuarto
de muebles falsos,
ni fotos con recuerdos,
ni mensajes de voz por teléfono,
pero nos vemos aquí,
nos buscamos tal vez,
en el musgo de un paisaje,
o en el gris de Madrid
dentro o fuera del metro.

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