mejorlavidasimple

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sábado, 13 de julio de 2013

Delirio de Malecón

Subes del malecón,
arrastrando un abrigo que no te pertenece.
Harta de horas diurnas, de largas calles,
de eternas redes, de mínimas aceras.
Esta noche no acabará tampoco
en el contorno que invocas
con tu leve sonrisa de mañana,
en ese frío blanco
del tiempo sin agujas de la cama.
Subes del malecón,
con un sabor pastoso en la garganta,
con besos maltratados,
con una rabia hiriente que corteja
la incómoda tristeza.
Crecen finos tentáculos que de tu pelo cuelgan,
van pasando los días,
hambrientos de otros días,
vas quedando en el fondo
sin respirar del mundo una belleza.
Eres adiós que sueña con retorno,
la última penumbra que acuna el caos,
el temblor de ese nombre
que en secreto llamas.
Subes del malecón,
como ola escondida en un bolso de mano,
como espuma que estalla en las ventanas,
con la frente alta,
con el alma arrollada.
Remolcas un abrigo que no te pertenece,
una bandera blanca sin mástil ni derrota,
una ruta que sigues en el mapa,
un titán sin cuerpo que lo acoja,
superviviente herido que descansa.
Subes del malecón,
a la espera del hijo de un hombre que no amas,
protegiendo tu vientre de dolores, de garras,
de los años que minan tu piel,

que secan tus ganas, tu mirada.
Buscas al destino entre vagas pisadas,
al dueño de la prenda
que con manso delirio
tu cuerpo enamorado, arrastra.

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