mejorlavidasimple

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jueves, 20 de junio de 2013

Mitad engaño, mitad promesa

Alguien me pone con cuidado
debajo de tu puerta,
no olvida el sello ni el nombre,
pero ni uno ni otro aparecen.
Me empuja, con un solo golpe,
por ese haz de aire a ras de suelo,
conocido por gigantes abatidos,
por anónimos rostros de atlas,
tallados por el cauce de los ríos.
Me dejan allí,
sin haber entrado del todo,
sin estar del todo fuera,
mitad engaño, mitad promesa.
Nada se mueve, ni una brisa común
con olor de comida en la escalera,
ninguna voluntad en el rellano,
nadie que expire tormentas,
que abra el ascensor
eximiendo condenadas miradas
de contenidos encuentros
que casi se rozan, pero no llegan.
Mitad ausente, mitad presa.
Papel doblado, borroso
en la grieta de luz, cuerpo a tierra.
La larga tarde se hace noche,
y junto blanco con blanco,
sin que alguien vuelva al lugar
que ocupas cuando regresas.
Allí dentro no estás, tampoco fuera.
Y no eres el que sube,
aquel que se para y duda,
la mano que tira de mí suavemente,
del otro lado de tu puerta.

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Rodolfo. Increíble que en este espacio modesto quepa un espíritu grande como el tuyo. Me alegra saberte bien y de vuelta.

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