mejorlavidasimple

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jueves, 27 de junio de 2013

La deriva de un beso

Miro mis brazos tensos
preparando la cena,
los mismos que hace horas
arreglaron la casa,
los mismos que hace años
tejían con los tuyos
adoquines blancos por la Cava.
Y hoy ya no quieren verte.
Es la mediocridad fumigada
con inciensos varados,
con tardes de desechos,
y sábanas de esparto.
Es la deriva de un beso que agoniza
preso de algas negras y de sables,
de uñas que se rompen, que se arrastran
por las ruinas humanas del desastre.
Es la arena del reloj
que se deshace, que marca
horas frías y preñadas
de gritos, de rejas, de cobardes.
Retiro la árida tormenta
de trozos vegetales,
la pena es radioactiva
e incendia con murmullos
los cuadros de la sala,
las delgadas hadas.
No quiero pelo liso, coche,
credo, premios, boda,
gafas de sol o espejos,
sólo un presente libre,
habitable, sereno,
sin escombros, sin ti, sin ofensas,
fuera de cenas grises,
lejos del humo, de la sombra
que extiendes, que proyectas.

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