mejorlavidasimple

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miércoles, 12 de junio de 2013

El temor a veces en ella

Temía aquel momento
en que no entendía nada.
La mente hecha un ovillo
impenetrable, sin principio ni fin,
enredando estancias.
La mirada clavada en la flaqueza,
sintiendo el cuerpo entero
sin sábanas ni auxilios que protejan.
Frente a ella, extendida
la claridad de un día silencioso,
sin beneficios netos ni sorpresas,
sin mensajes de voz de la tibieza,
tampoco de huracanes ni rudezas.
No hay pronóstico serio de riadas,
de espasmos de amor,
de contracciones varias,
de intentos de escritura malograda,
de ansiedades templadas o rarezas.
Sólo hay,
el zumbido de la vida en otros,
y un tenue escalofrío que expulsa
hasta la orilla la marea.
Y esas olas que rompen y prometen,
que marchan al instante
sin despedidas, sin apenas verte.
Un teléfono intenta el imposible,
suena y fracasa.
Ella prefiere entrar en coma tibio,
recobrar la cascada en el pecho,
perseguir de cerca su miseria,
el ciclón y las guerras;
y enterrar en un frasco la injusticia,
la desigualdad, la pena, la violencia.
Traer la risa efervescente a la boca tensa,
la infancia al techo adulto,
tirar sobre el cemento, madre tierra.
Temía la pasión fría y fundida
sobre la mesa, sin saber qué hacer,
sin recogerla.

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