mejorlavidasimple

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sábado, 11 de mayo de 2013

En el concierto, su rostro

Llegó,
del brazo de azules pensamientos,
calada del sonido húmedo del metro,
del pulso nervioso que mece en vagones
la vida y su materia.
Llegó,
le asomaban las ganas
por los bolsillos estrechos,
por el hilo impreciso de los sueños;
su alma en la letra de Saramago,
en frases que leyó a intervalos,
por estaciones pequeñas
para tanto cansancio que regresa.
En suelo y aire,
esos roces fugaces de espaldas
que se llaman y recuerdan;
voces quebradas que se insinúan
por túneles de secretos.
Llegó,
y apoyada frente a la puerta que hierve,
graba emociones, suyas y de otros;
una Blimunda en busca de voluntades,
de nubes cerradas que sus ojos atrapan.
En la boca del concierto,
sujeta el libro con un gesto involuntario,
y espera a una amiga,
sin medir el tiempo.
Toca entonces su mirada un rostro,
que distingue entre otros.
Y en el segundo más corto que recuerda,
cruzan haces los faros;
un relámpago, un golpe de tacón,
una nota fuerte y suelta.
No supo si el canje de lunas,
dió la razón al pincel de Modigliani;
pero esa chispa instantánea,
ese disparo seco
que le alcanzó indefensa,
no fue suficiente para acercarse y confesarle
que ella escribía en su blog
algún comentario, algún verso.

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