mejorlavidasimple

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domingo, 22 de diciembre de 2013

Bruma

Hay bruma
que recorre las calles dibujadas
al borde de la cama;
y el puente por donde el día circula;
un tiempo que es sólo la sombra
de una infancia que cambia;
el brazo delgado que anuda
la cintura que no es joven;
el rostro entre las manos,
las ganas de arrancar la pereza del aire;
una marea que cubre héroes
que acabaron náufragos.
La dulce esperanza flotando
en el lago del sueño, ebria de ella.
Hay bruma
sobre la madre que acuna su pecho
y mece el futuro,
en el café viscoso derramado en la mesa;
debajo de la silla,
donde los pies se mueven inquietos;
allí donde queda el volumen que desplazas;
en la butaca de al lado
cargada de aplausos silenciosos,
de torpes abrazos, de pocas promesas;
el universo entero
apretado en el armario contra la ropa usada,
y debajo de todo, tu rostro en caja fuerte.
Hay bruma,
en las facturas, en la guerra infinita,
en los otros, en ti y en mí,
sobre el menú de las cosas que no son dichas.
En el verbo que rompe la botella
y redime el mago;
en tu piel sin afeitar que araña,
en la cáscara fina de la vida,
en el vestido suelto
de la bruma.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Tu estancia

No dejes que unos pocos peldaños
nos marquen la suerte,
ni las ganas de verse en la sala;
la edad cose la puerta,
la distancia que llama,
no puedo borrar de mis ojos los tuyos.
No dejes de subir al piso alto
de esta casa con vistas pasajeras
a la vía de un tren que anda
herido de lluvia,
madrugador y errante.
El día amanece con ruido de cristales
del vaso que rompe el alba;
no logro desatar de mi pelo,
tu ruidosa ausencia,
la extraña existencia.
Y quien nos puso a los dos
en dos puntos del mar tan diferentes,
cuando la mañana encalla en la planta baja,
cuando llego a la mesa que ocupas,
con páginas secretas, escritas,
y subes de golpe el telón que la noche baja,
e iría con mis dedos,
bordando lentamente tu espalda.
No dejes que unos metros de pudor,
echen nuestros cuerpos
en buzones de señas diferentes,
y no tropecemos nunca

buscando la salida.
Reconozco tu voz en la estancia de abajo,
el pálpito que mueve las paredes,
el aire perforado que respiro;
me fijo en los raíles, detrás de la ventana,
mientras debajo de mí,
el único nombre imposible, vive.

 

jueves, 5 de diciembre de 2013

La nada que conservo

Conservo del amanecer
esa pequeña duda que crece a tu lado,
del día que no tengo y que no llega
del ancla lanzada que no toca tierra
del esfuerzo del ala que nace doblada.
Conservo de este atardecer,
un silencio viejo de trenes parados,
de alfombras manchadas al entrar en casa,
de puertas con letras cambiadas,
de paredes secas, arrugadas.
Y esta tos quebrada en la llamada,
nerviosa, atrapada entre hoy y mañana;
y esta sensación de ropa mojada,
de techos partidos y cuadros torcidos,
de una voz que no llega a entrar
que vive en los pasillos, en la ventana.
Conservo de este día
el olor caliente de la estela fresca que pasa,
de una lluvia a destiempo que nada cambia,
esa tierna torpeza
de quien siempre busca la misma piedra.
Todo lo que conservo,
la noche se lo lleva a dormir a su lado,
huele a incienso el momento,
las ruinas del presente,
el vuelo del minuto que comienza.
Hoy echaré de menos este instante,
el verbo que no tengo en la distancia,
la ola que no llega.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Darte a luz

Le dio a luz,
en las tres dimensiones
de un espacio recorrido por sus sueños,
todos creados por ella,
cada punto de cruz,
cada vuelta a la lana entre los dedos.
Le dio a luz expectante, y varias veces,
con sus manos de invierno entre las piernas,
sin reprimir el cuerpo y su desorden,
callada y hambrienta.
Le dio a luz,
gastando cerillas en casa,
jurando a cada fuego sofocado
no volver a intentarlo;
pero a penas vencidas las llamas,
le subía un abrazo del suelo,
y lo probaba.
Le dio a luz de repente,
arregla las flores, la jarra,
el volumen del mundo en la mirada;
las sombras le sacuden
las migas que llevaba.
Convoca atardeceres, salta barricadas,
le tuvo y no supo explicarse.
Huyó de sus dudas, azorada,
dejó de crecer en distancias,
salió a buscar el valle,
ese latido líquido del agua,
que siempre le salvaba.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Para qué la noche?

¿Para qué la noche?
al menos, estas noches,
de dudas como piedras,
de diluvios eternos que borran
tu nombre en los bocetos.
No todo el aire es frío,
hay aromas que laten en la mesa,
y por tu puerta pasa
ese soplo de astro herido,
de sol que calienta.
¿Para qué la oscuridad
si no me deja verte?
Saber que nos sentamos ayer
congelando memorias,
las horas distraídas
que partieron cansadas;
quemando en el tabaco
mentiras necesarias, usadas.
Los libros nos reclaman
ecos e instantes secos,
esa angustia vencida
que estuvo acorralada;
nunca nadie es eterno.
La noche y sus armarios,
cartones y reproches,
ascensores que esperan,
amores que se vengan,
bancos desubicados
con clavos oxidados.
En noches como ésta,
tus ojos quedan quietos, serenos,
pendientes del reloj y del invierno,
de esa puerta cerrada
sin sonido de llaves que la abra.
Se buscan caracolas sueltas,
me miras,
en la tierra abonada.

sábado, 16 de noviembre de 2013

No siempre

No siempre
tendí la ropa con estas esperanzas
empapadas en alcohol y quimeras,
estirando las puntas,
revisando las manchas
que estuvieron
que parecen seguir estando.
No siempre
te eché de menos con tanta rabia,
entre pinzas que no agarran
y la blusa blanca mojada
que lleve el día
que no logré encontrarte.
Escurro con fuerza tibia
el nudo de tejidos y palabras
chorreando pequeñas ansiedades,
grandes silencios y culpas,
esa cínica certeza
de que mis manos no logran
arrancar un paso al infinito.
No siempre
llené el barreño hasta inundarlo
con deseos muertos de oleajes,
voy hacia las cuerdas
para ejecutar sin garantías
esta ternura vestida
de lavanda y suavizante.
Tengo aroma de colada,
de sombras y refugios frescos,
balcones con cortinas sin puertas,
alas cargadas
de crisis y maletas.
No siempre
sequé en la azotea,
en puerto y ocaso disponible
tantas ganas caladas
de prendas delicadas.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La ropa cuando amanezco

Amanezco sin prisa,
lejana para el día que comienza,
conquista a sorbos cortos
del pulso que ingresa tarde
por calles abiertas, despiertas,
por esquinas rotas del cuerpo.
Estiro la ropa sin verla,
sabiendo que te quedas
en los contornos planos,
en las hojas frías y firmadas
por dedos que fueron
libres y presos.
Siento la acústica perfecta de la noche,
y ordeno el pelo en la nuca,
no hay horquillas cerca,
lo absuelvo de nuevo
sin preguntas.
Aún quedan en las telas
los restos de otros nombres,
las horas pasadas e inquietas,
ese olor secreto,
náufrago y hundido
lejos del bar que frecuento.
No hay mar en este cuarto
de muebles falsos,
ni fotos con recuerdos,
ni mensajes de voz por teléfono,
pero nos vemos aquí,
nos buscamos tal vez,
en el musgo de un paisaje,
o en el gris de Madrid
dentro o fuera del metro.

sábado, 26 de octubre de 2013

Como bandidos

Qué perdemos
si indefinidos entre errores y aciertos
marcamos una cita en el tiempo,
cualquiera que sea el color que uses,
el número de la fortuna y la luna llena
no dejará la noche abandonada.
Qué perdemos
cuando tengamos que abrir la puerta
y encontrarnos,
sonando en los labios cerrados
nuestros nombres.
Tantos días de cruzar miradas como bandidos,
robándonos la cama
cuando en la oscuridad se hiberna,
horas de perseguir al otro en cada gesto,
de hogueras repentinas
en la puerta del templo.
Tantas reservas formales
con la comida fría que no gozamos.
Qué perdemos, dime,
si viramos juntos una madrugada,
antes de que vengan a buscarnos,
porque vendrán, no lo dudes,
ya no somos jóvenes.
Lo que hay, no puede ser en vano,
salvo que dejes el vaso en la barra,
y yo decida no seguirte,
entonces,
tanto abrazo maduro en las ramas,
irá cayendo, por el viento.


jueves, 24 de octubre de 2013

Un lugar en el bar

Lo que soy es un libro
de huellas que sujeta mi frente,
sucia de largas horas de viaje,
del polvo rojo del camino
que dejamos atrás.
Ese reflejo del alma, esa luz verde
de la pupila fina que reinventa,
que tiene confinados
la suerte y lo ausente.
Lo que siento está dicho por ti
y navega en la mesa del bar,
marcada de café y de vino tinto,
de estrellas con esquinas en la calles,
de locos tientos de amor
sin buzón ni sellos,
sin sobre ni besos.
Queda el bar para mirar
el pantalón de oficina a rayas,
el cuero del tacón,
ese ruido seco y triste de cañas,
esas monedas sueltas
en los bolsillos ralos,
como cuevas de mar,
como historias robadas.
Oigo tu voz que nunca oí
desde mi espalda,
y apoyo el mundo entero en el respaldo
cruje la silla, el pecho,
hombro con hombro,
miro la puerta abierta,
el mismo baile
de cuerpos que pasan.

jueves, 17 de octubre de 2013

Pronóstico reservado

Entras a buscar mi derrota,
entre la ropa amontonada
que dejamos horadada de abandonos.
Sin ganas de mirarte, te recibo,
oyendo tiros blandos en mi pecho
ese precipicio íntimo que cavaste
con el lodo de una noche honda,
en cama sin bazar ni aromas.
Vienes lentamente,
con esa lluvia tan tuya y tan fina
de placeres y mujeres, llena de lanzas.
Sin ganas de abrazarte, te saludo,
y observas sin muecas
el frente frío que cruza mi costa,
pronóstico de días reservado
al libro que ha de llegar cerrado.
Soy tormenta de dudas
en un horizonte preso,
y pluma en el tintero
con la punta mojada en oro negro.
Sin ganas de escucharte, te miro,
hay en tus labios secos,
un mal de navegante que regresa
a una casa con cuarto sin misterio,
no entiende la nieve en las cortinas,
tanta calma instalada
después del crudo infierno.

jueves, 10 de octubre de 2013

Silueta de una noche austral

En los ladridos nocturnos,
algo teje mi cuerpo junto al tuyo,
a ese sueño que de tí conservo,
roto y malherido, profundo.
Descoso lento el corazón dañado
sumida en mi silencio,
que es derrota y calma,
mujer infiel sin batalla, ni escudo.
Olvidas mi presencia rasa,
y el aire que destapa la caricia,
sigues allí en el desierto frío,
mientras purgas mi afecto,
de malos pensamientos,
de desvíos.
Es mejor que me aleje,
a paso torpe, difícil,
como quien no quiere y no puede;
entra niebla bajo la puerta cerrada,
y el día de estrellas vanas,
de esperas prematuras e infundadas,
por fin,
se apaga.
No me senté a tu lado,
ni hubo marca del vaso en la madera,
la noche austral trae ecos sueltos,
mosquitos, promesas,
ruido de trenes y taquillas yermas,
adoquines que aguantan
ese peso insoportable del deseo.
Nadie teje ya,
sólo el amanecer, los ojos negros,
los pies descalzos, la ropa y sus girones,
la carencia,
se acerca lo diminuto y perfecto.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Existencia

Empujo la existencia
siento el asfalto sucio, vigilo el tiempo,
calla el gran reloj sin evidencias,
no hay marca de certeza en el silencio,
ni asiento vacante
en este banco delgado, metálico, del texto.
Con las manos frías
la vida me registra los bolsillos,
entra en la oscura oquedad simple,
que guarda las manos si están solas.
Veo salir todos los trenes,
el vagón perfecto que te tiene,
empujo la existencia sin dañarla,
por charcos de espera inadvertida,
por raíles de tierra macerada,
por los breves ocasos
que al roce de una luz, se encienden.
Aterrizan nubes secas
sobre la pampa y las piedras,
trazos de torrentes, de vuelos,
líneas escritas que no tienen fortuna,
ni la quieren.
Es mar el asfalto duro,
y no trae tu nombre en sus redes,
sólo notas, revistas de arte,
fragmentos de estelas mortales, no brillantes,
ramas desvestidas, postizos, plásticos,
sueños de feas durmientes,
analgésicos para el miedo y la fiebre.
Vuelvo a viajar, lejos,
dime que vendrás a verme.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Otoño

Que va a ser de este otoño
con hojas derrumbadas y hambrientas,
cuando venga el espíritu
a reclamarnos el cuerpo,
y el viento reservado, sople por claraboyas
mal cerradas y austeras.
Nadie hablará de pan en los portales,
ni de leche materna en los pechos del mundo,
y bastará una grieta, para que todo acabe,
una sola fisura que partirá el presente,
y creeremos ausente
lo que tenemos cerca.
Que va a ser de este otoño,
si no llegase a verte
en el bar de comidas
donde almuerzan las almas, las tristezas,
los ojos en tormenta,
las manos sacudidas cuando piensan.
El frío vetará la acera seca, en sombra,
las manchas de ceniza, los barnices,
el rastro acalorado
del cielo que protesta.
Que va a ser de este otoño
sin razones, escrito a pie de página,
que no encuentra en sus labios, una mueca;
cuando la tarde entre desusada,
con hilos del amor y telarañas,
con notas en un chelo, perforadas.
Que va a ser de mí,
y de este otoño,
sin el olor dulzón de lo imposible;
iré a buscar abrigo, puerta a puerta,
con la bandera blanca
hasta el brazo de mar,
que es tu palabra.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Como si allí, fuéramos a estar siempre

Como si fuera a estar aquí siempre,
dejo debilitarse el reflejo del día en la retina,
y a media luz sentada en este cuarto,
bloqueo con los párpados,
las venas abiertas del suelo discontinuo,
las huellas disolubles que dejaste.
Como si fuese a perderte en cualquier momento,
paseo transparente por calles de perfiles ralos,
sin estatuas que guarden
lámparas ardientes en la roca del pecho,
sin golondrinas que encuentren cobijo,
en la noche cerrada de galerías urbanas;
yo, con el alma apretada entre los labios,
sin nada que decirte, ni explicarte.
Susurros, fragmentados de metralla y otras voces
arrancan al silencio un falso reposo,
nadie descansa a estas horas,
tal vez, alguien que espera que el día le abandone.
Como si fueras a estar aquí siempre,
me dejo retener por el vientre de ola
que abraza y que devora,
agua salada que no conoce playas,
que estrella entre las rocas horadadas
la pálida versión de una espuma precaria.
Guardo inconsciente el tiempo de escalera alicatada,
de subidas, de bajadas, de ayeres y futuros;
a golpe de fado, recuerdo la llave que arrojaste
por el pozo, entre butacas,
y hoy la busco,
como si allí, fuéramos a estar siempre.

sábado, 31 de agosto de 2013

Tierra de sabios imperfectos

Vuelve hacia mí su rostro
la cara frágil, noctámbula,
un grabado de surcos, desteñido
de acantilados afilados
por los que el tiempo se arroja
cuando quiere morir.
Vuelve su sentido impar
hacia la mesa que ocupo,
inquieta el vaho que respiro,
el suelo que toco no parece tierra firme.
Su apagada mirada,
incuba movimientos
de débiles impulsos y reflejos.
Delante de él,
la guerra que amenaza,
la infancia recluida en tiendas de campaña,
en ojos que no duermen, que esperan.
El cuerpo nos pesa, de repente;
el suyo, es abrigo de anchos hombros
apariencia de sombra, sin sol que la proyecta,
el mío, cerrado por mal tiempo, se encoje,
soy ave de alas húmedas,
gota que cae en agua turbia.
Vuelve hacia mí su mirar de nube negra,
y sacude en lo mundano
su mantel de ruinas y protestas.
Es estela contenida, herida de un cometa,
es barco que se aleja, sin promesas,
que deja trazos de espuma entre las mesas.
Cuelga de su ropa la heroicidad reseca,
tristeza endurecida, cruza su boca.
Vuelve todo su pecho hacia mí,
su escenario hundido,
su caja ancha, radiante de secretos,
‘Te vendo un pensamiento’,
‘y el valor para dejarle’
Levanto mi vaso, desciende su cabeza,
cerramos el trato.
Le veo por última vez caminar inclinado,
hacia tierras de sabios imperfectos,
va con la frente arrugada
al encuentro de colosos y fuleros,
de dioses mediocres,
de impurezas.

domingo, 18 de agosto de 2013

Ésta, tu vida

Ésta, tu vida,
como una lanza estrecha,
inofensiva pocas veces,
que sacudo y cuido
como si fuese mía.
Maldigo esta herencia
que sin tenerla siento,
cada nota que estrellas, bendigo,
desde el litoral abierto.
Bajo corriendo la escalera,
entro en el callejón,
me pierdo adrede.
Ésta, tu ignota respuesta,
y el beso sin futuro que sueño,
siempre despierta.
No hay crema protectora
en esta tienda,
ni alivio para dudas callejeras,
ni bastón que sujete la espera
que envejece.
Cómo sería verte, me digo,
sentado en el parque que frecuento,
y miro a ratos,
las piernas que desfilan
por el suelo que conoce de destinos todo.
Aquella primera vez, pienso
no tuvo tallos verdes ni amapolas.
Peregrino por esta ciudad,
y en la puerta del teatro
nos cruzamos, ni tú ni yo somos,
el cuerpo que esperamos.
Huele a rocío denso en el barrio con ojeras,
a pólvora reciente en los portales,
a rosas secas de despedida en el puerto,
alguien cocina
ilusiones con arroz a fuego lento.
Y ésta, tu voz,
es una sombra de mujer
que no conozco
.

sábado, 10 de agosto de 2013

Me miras, desde cualquier hombre

Desde cualquier hombre,
me miras,
como cualquier ojo que arrastra
la dicha o la desgracia.
Con cualquier palabra
inquieta, impronunciable y silenciosa,
me llevas al páramo mudo
de promesas dichas a deshora.
Desde cualquier cuerpo,
me llamas,
y yo me doy la vuelta sigilosa,
dejando amor y arena entre la ropa.
Moriré una vez más
en esta acera fría,
en el sublime hueco
que devuelve la historia.
Me invitas,
desde cualquier esquina abandonada,
con un gesto corto, edulcorado,
cuando suenan las llaves,
los cierres de las tiendas,
los cuerpos disipados que regresan.
Desde cualquier ventana,
me interrogas,
colgando en los cristales
gotas de lo finito,
del día que resiste su derrota.
Moriré una vez más
en los cables urbanos,
en el rígido sobre
con remite bancario.
Desde cualquier olvido,
me rozas,
con un hoy imperfecto,
y un olor conocido,
en el asiento contiguo
del metro
.

domingo, 28 de julio de 2013

Balada para el absurdo destino

Me falta coraje para vivirte
sabiendo que para dejar de ser
basta un suspiro malogrado en el destino,
aquel que nos ponga el ser en pausa eterna,
y se apropie del alma que anidamos
sin pasaporte de entrada, ni registro.
Me falta el valor para atraerte
hacia esta zona franca
cuando apenas te acercas para hablarme,
cuando a distancia te elevas en sombra
acunado por quien sabe, qué afectos o verdades.
Este espeso devenir en aguas bravas,
no deja que se conecten las huellas,
menos aún los deseos, tejidos
entre oraciones ateas y vasos bajos.
Como tantos que esperan
sus momentos y viajeros, yo te invoco,
desatando nudos de redes y tragedias,
como un retorno a sábanas planchadas
donde no hubo noches agitadas,
rodando entre nieve y horas planas.
Me falta coraje, tal vez
me sobra miedo en el vuelo diurno,
en las farolas, en las cenizas calientes 
de lo que no ocurre.
Y extiendo la brevedad del tiempo
sobre la mesa, y me echo en ella,
sintiendo las arrugas del texto
entre mi pecho y la tibia madera.
Suena un timbre en otro continente,
un silbato en una vía de tren,
y siento lentamente caer una pena,
crecer el absurdo destino
que no puede salvarse.

miércoles, 24 de julio de 2013

Soy la mujer simple

Soy la mujer simple,
que cuelga en el armario viejas odas,
dejando tras de sí la casa llena
de sillones hundidos, de calas desechas,
de horas de lectura entre suicidas,
barcos, astillas o cabales estrellas.
Soy la mujer simple,
que teme tu voz cuando descarga cerca
letras y piedras de amor ajeno
sobre el estanque en calma que atravieso;
soy aquella que regresa al vientre,
a la calle, al café oxidado y seco,
al día lluvioso sin buques en puerto, 

sin ruido de anclas que duerman solas
en el centro intangible del ensueño.
Soy la mujer simple,
que despierta luchando en la batalla,
por el angosto tramo de la llanura negra,
bajo el oscuro cielo del primer universo;
aquella que atardece
y hunde en el desierto manos frías
en busca del calor en otro cuerpo.
Soy la mujer simple,
el eco mudo, la sonrisa en un beso,
el pez dorado en cristal cerrado,
la espuma sucia de tormenta,
el color en el pétalo que tiembla,
la gota en el muro abierto,
la grieta en el tejido tenso,
la pupila que interroga,
la mesa grabada de mar,
el acantilado y la duda colgando del pelo.
Soy mujer en desorden
que la vida trae
anónima y caduca.
 

sábado, 13 de julio de 2013

Delirio de Malecón

Subes del malecón,
arrastrando un abrigo que no te pertenece.
Harta de horas diurnas, de largas calles,
de eternas redes, de mínimas aceras.
Esta noche no acabará tampoco
en el contorno que invocas
con tu leve sonrisa de mañana,
en ese frío blanco
del tiempo sin agujas de la cama.
Subes del malecón,
con un sabor pastoso en la garganta,
con besos maltratados,
con una rabia hiriente que corteja
la incómoda tristeza.
Crecen finos tentáculos que de tu pelo cuelgan,
van pasando los días,
hambrientos de otros días,
vas quedando en el fondo
sin respirar del mundo una belleza.
Eres adiós que sueña con retorno,
la última penumbra que acuna el caos,
el temblor de ese nombre
que en secreto llamas.
Subes del malecón,
como ola escondida en un bolso de mano,
como espuma que estalla en las ventanas,
con la frente alta,
con el alma arrollada.
Remolcas un abrigo que no te pertenece,
una bandera blanca sin mástil ni derrota,
una ruta que sigues en el mapa,
un titán sin cuerpo que lo acoja,
superviviente herido que descansa.
Subes del malecón,
a la espera del hijo de un hombre que no amas,
protegiendo tu vientre de dolores, de garras,
de los años que minan tu piel,

que secan tus ganas, tu mirada.
Buscas al destino entre vagas pisadas,
al dueño de la prenda
que con manso delirio
tu cuerpo enamorado, arrastra.

domingo, 7 de julio de 2013

Queda la piel del parque

Queda
un huerto seco, cobrizo,
mares sin sal por cuencas de agua dulce,
ventanas atascadas, que no abren.
Sueños de plomo sobre otros sueños,
más frágiles, más terribles y tiernos.
Este sudor de julio que resbala,
de línea a línea, sobre página vencida.
Los días caen de ramas desgastadas
en un asfalto sucio y generoso,
lleno de planes rotos, de realidades,
de cuentos inventados, de locos,
de cálidas verdades atrofiadas.
Busco una miga de paz en casi todo,
un grano de arena santa,
una pizca de cielo ebrio, turbio,
hogar de vagabundos,
de hundidos transeúntes,
casa de espíritus blandos y solos.
Queda
mi cuerpo atravesando el banco,
curvando un horizonte falto de luces,
descosiendo la historia, urdiendo sus finales.
¿Y si no voy nunca? ¿y si no vienes?
Cubre la sombra fértil,
madera apolillada y tiempo viejo,
los tintes de calima entre los dedos,
mi frente me reclama tu recuerdo.
Siguen llegando cartas al buzón de metal,
al portal en penumbra, vacío y fresco,
pero el eco que irrumpe, se silencia.
Me sacudo el calor, la tierra, la piel del parque,
te abrazo y te retengo.

jueves, 27 de junio de 2013

La deriva de un beso

Miro mis brazos tensos
preparando la cena,
los mismos que hace horas
arreglaron la casa,
los mismos que hace años
tejían con los tuyos
adoquines blancos por la Cava.
Y hoy ya no quieren verte.
Es la mediocridad fumigada
con inciensos varados,
con tardes de desechos,
y sábanas de esparto.
Es la deriva de un beso que agoniza
preso de algas negras y de sables,
de uñas que se rompen, que se arrastran
por las ruinas humanas del desastre.
Es la arena del reloj
que se deshace, que marca
horas frías y preñadas
de gritos, de rejas, de cobardes.
Retiro la árida tormenta
de trozos vegetales,
la pena es radioactiva
e incendia con murmullos
los cuadros de la sala,
las delgadas hadas.
No quiero pelo liso, coche,
credo, premios, boda,
gafas de sol o espejos,
sólo un presente libre,
habitable, sereno,
sin escombros, sin ti, sin ofensas,
fuera de cenas grises,
lejos del humo, de la sombra
que extiendes, que proyectas.

jueves, 20 de junio de 2013

Mitad engaño, mitad promesa

Alguien me pone con cuidado
debajo de tu puerta,
no olvida el sello ni el nombre,
pero ni uno ni otro aparecen.
Me empuja, con un solo golpe,
por ese haz de aire a ras de suelo,
conocido por gigantes abatidos,
por anónimos rostros de atlas,
tallados por el cauce de los ríos.
Me dejan allí,
sin haber entrado del todo,
sin estar del todo fuera,
mitad engaño, mitad promesa.
Nada se mueve, ni una brisa común
con olor de comida en la escalera,
ninguna voluntad en el rellano,
nadie que expire tormentas,
que abra el ascensor
eximiendo condenadas miradas
de contenidos encuentros
que casi se rozan, pero no llegan.
Mitad ausente, mitad presa.
Papel doblado, borroso
en la grieta de luz, cuerpo a tierra.
La larga tarde se hace noche,
y junto blanco con blanco,
sin que alguien vuelva al lugar
que ocupas cuando regresas.
Allí dentro no estás, tampoco fuera.
Y no eres el que sube,
aquel que se para y duda,
la mano que tira de mí suavemente,
del otro lado de tu puerta.

miércoles, 12 de junio de 2013

El temor a veces en ella

Temía aquel momento
en que no entendía nada.
La mente hecha un ovillo
impenetrable, sin principio ni fin,
enredando estancias.
La mirada clavada en la flaqueza,
sintiendo el cuerpo entero
sin sábanas ni auxilios que protejan.
Frente a ella, extendida
la claridad de un día silencioso,
sin beneficios netos ni sorpresas,
sin mensajes de voz de la tibieza,
tampoco de huracanes ni rudezas.
No hay pronóstico serio de riadas,
de espasmos de amor,
de contracciones varias,
de intentos de escritura malograda,
de ansiedades templadas o rarezas.
Sólo hay,
el zumbido de la vida en otros,
y un tenue escalofrío que expulsa
hasta la orilla la marea.
Y esas olas que rompen y prometen,
que marchan al instante
sin despedidas, sin apenas verte.
Un teléfono intenta el imposible,
suena y fracasa.
Ella prefiere entrar en coma tibio,
recobrar la cascada en el pecho,
perseguir de cerca su miseria,
el ciclón y las guerras;
y enterrar en un frasco la injusticia,
la desigualdad, la pena, la violencia.
Traer la risa efervescente a la boca tensa,
la infancia al techo adulto,
tirar sobre el cemento, madre tierra.
Temía la pasión fría y fundida
sobre la mesa, sin saber qué hacer,
sin recogerla.

martes, 4 de junio de 2013

Tu presencia o tu pena

Yo no sé si tu nombre estaba
en aquel pasillo estrecho,
pero sólo veía las letras
que traen tu retrato
al filo cortante del acantilado.
Y de pronto, la nada,
la más absurda de las páginas,
aquella que no arranca
los recuerdos al insomnio,
ni los besos a la boca
que no quiere retenerlos.
Y de súbito,
el té marchito sobre la mesa,
el café cargado de oscuridad,
un trago de vino caliente
en aquel vaso lleno de marcas,
del trazo tenso de unos dedos
que no dejan de culparse.
Como si arrastrase
tu presencia o tu pena
me vienes a las manos,
por el origen clandestino de los tiempos,
desde una frontera incierta, blindada.
Y esculpo paciente tus versos,
el gesto que me roba la distancia,
el ocaso silencioso de tu rostro,
la materia viva que trae a mi pecho
esa lenta dureza,
de saberme vencida ante la piedra.

jueves, 30 de mayo de 2013

Ese rastro inasible

Ni un rastro,
en este bosque de ropas vacías
sin cuerpos que aniden,
que ofrezcan un destino juntos.
Ni un trazo intencionado
cruzando la calle,
o en el paso aplazado
que no llega a darse.
Quedan sombras, perfiles,
prendidos en el asfalto,
y va creciendo un eco
debilitado y ronco,
por la espera, la duda,
por la falta de abrazos.
En este espacio estrecho y agitado,
respiro la sal, lo tuyo, lo humano,
la vida como es hoy,
sin mar en calma.
Y en el encuentro tímido,
de la herida y el bálsamo,
del viento y de las hojas,
descubres una llave en casa
que no es tuya,
un camisa blanca que no usas,
un papel atrapado entre dos alas,
y ese rastro inasible
de lo que no ocurre,
de lo que no pasa.

jueves, 23 de mayo de 2013

Hoy no. Lo siento.

Hoy no. Hoy estoy,
en esta sala de espera
que conoce intimidades y derrotas,
en esta estación de trenes arrasada
por el vuelo rasante de gaviotas.
En los túneles sin aire,
hay miles de esperanzas abrazadas,
maldiciendo un mundo
que les cubre de carencias,
de ansiedades, que les ignora;
que les hace creer que entre las zarzas
habrán de amanecer claros y rosas.
Hoy no. Hoy desciendo
por las columnas uniformadas
de este periódico en verso,
y acabo imaginando otras historias,
las reales, las que a diario
acontecen en el pozo sagrado
del que sufre,
del que en este momento, llora.
Hoy no. Hoy siguen cayendo
gotas ardiendo sobre mesas vacías,
sobre manos vírgenes que mascan
una vejez que florece a destiempo.
Siguen viniendo olas y cenizas,
apagando los sueños,
para que no crezcan,
para que no se pierdan las almas
en su camino hacia el cielo.
Siguen los monstruos de la razón,
del dinero  y todos sus dueños.
Hoy no estaré. Lo siento.

martes, 21 de mayo de 2013

Qué hago aquí sin buscarte

Sopla un viento sin tequila
con sabor a tormenta.
Días de acantilados, de oquedades,
de murallas, de ilusiones novatas,
de imágenes virtuales,
de nubes, de manos ajenas.
La puerta cerrada, la soledad dentro,
el vaso limpio sobre la mesa.
Madrid queda a lo lejos.
Qué hago aquí sin buscarte.
Carga el cielo pólvora
sobre un mar tímido,
sobre el vientre del mundo
rugen los sueños,
cierra sus ojos el miedo.
Qué hago yo tan lejos.
Ando el camino, su distancia,
hablo, sonrío, comento,
pero pasas cerca,
por esas grietas del suelo,
por esos tallos verdes, dispersos,
por este raro desorden
ocupado sin ti,
pero contigo dentro.

viernes, 17 de mayo de 2013

En tu nombre y en silencio

Me visto en tu nombre y en silencio,
cuando inventas la mañana,
para hacer que me levante.
Arreglo el mundo roto entre las ropas,
mirando los detalles,
las estrellas ocultas,
las ideas errantes.
Entran sueños hundidos,
y aquel olor perenne,
en ese mar vacío de certezas,
que dejaste.
Tus ojos están, pero los míos son otros,
me detengo en la blusa,
pasaste por mi lado,
tan cerca y sin mirarme.
Descubro en los bolsillos
un miedo pávido, maquillado, cobarde,
de encontrar la carta, el invisible,
los papeles inmensos,
llenos de espuma,
muertos de cansancio y hambre.
Quiero pensar que existe
aquella duna fría que olvidaste,
en la chaqueta abierta,
en la prensa del día,
en el aire.

sábado, 11 de mayo de 2013

En el concierto, su rostro

Llegó,
del brazo de azules pensamientos,
calada del sonido húmedo del metro,
del pulso nervioso que mece en vagones
la vida y su materia.
Llegó,
le asomaban las ganas
por los bolsillos estrechos,
por el hilo impreciso de los sueños;
su alma en la letra de Saramago,
en frases que leyó a intervalos,
por estaciones pequeñas
para tanto cansancio que regresa.
En suelo y aire,
esos roces fugaces de espaldas
que se llaman y recuerdan;
voces quebradas que se insinúan
por túneles de secretos.
Llegó,
y apoyada frente a la puerta que hierve,
graba emociones, suyas y de otros;
una Blimunda en busca de voluntades,
de nubes cerradas que sus ojos atrapan.
En la boca del concierto,
sujeta el libro con un gesto involuntario,
y espera a una amiga,
sin medir el tiempo.
Toca entonces su mirada un rostro,
que distingue entre otros.
Y en el segundo más corto que recuerda,
cruzan haces los faros;
un relámpago, un golpe de tacón,
una nota fuerte y suelta.
No supo si el canje de lunas,
dió la razón al pincel de Modigliani;
pero esa chispa instantánea,
ese disparo seco
que le alcanzó indefensa,
no fue suficiente para acercarse y confesarle
que ella escribía en su blog
algún comentario, algún verso.

viernes, 26 de abril de 2013

Aunque no pueda vencer

Luz en las paredes,
en esta casa que no es mía,
y no parece ser de nadie.
Esta claridad indignada
como latido desahuciado,
se estrella en la vertical.
El mar resbala rápido,
sobre el suelo frío
e inunda de posibles
los pies descalzos.
No sostiene la sala tus cuadros
ni siquiera alguna foto,
pero cada grieta viva,
muestra recodos
que conocen tu nombre.
Deserto de este cuarto,
que guarda tu presencia,
y voy al cruce de otras vidas;
no puedo vencer
y no quiero sentirte lejos.
En las manos secas,
se pega un aire denso,
y esa tierra blanda
que escapa como polvo
de estrellas, o de la simple tierra,
o del más simple universo.
Amarro mi latido a puerto
y unos ojos pacientes
que regresan de derrotas,
me explican que sin amar,
no hay historia.
Dejo suelta la sonrisa,
y cualquier sentimiento,
aunque no pueda vencer,
y no quiera sentirte lejos.

jueves, 18 de abril de 2013

Esta locura de llegar

Esta locura de llegar
a esa casa, a ese arco,
de llegar al sitio
donde el viento vacila
entre ser o existir.
Camino,
con ese instinto frágil
que roza las paredes
con la punta quebradiza
de un deseo involuntario.
En la esquina,
la hiedra del destino
desviste silencios;
y subo los pliegues de la calle,
con trazos irregulares
que sellan promesas
entre adoquines y piedras.
Toco muros de agua
con barcos perdidos,
por temor a la conquista.
Sobre la mesa, la luz rojiza,
y esa hora de miradas cruzadas
que se buscan sin propósito;
la ciudad reserva certezas
sólo a unos pocos.
Llego a la puerta,
huele a flor reciente,
y a tarde que se aleja.

domingo, 14 de abril de 2013

Butaca ocupada

Escribo sobre un lienzo,
sobre un desierto pálido,
sobre un mar quieto, blanco.
Intento formas sin relieve
en un campo homogéneo,
pulido, plano.
No queda un portal que nos cobije,
ni astros, ni cumbres, ni signos,
ni playas con troncos que traigan
destinos imposibles.
Vuelan viejas promesas
que se hacen con el día,
silenciosas y pequeñas.
Pero es abril
en tierras sin reyes,
sin siervos del empleo,
ni esclavos del dinero
y sus perversas carencias.
Queda mi ropa tendida,
en el horizonte curvo,
colgada entre canciones,
empapada de errores benditos.
Huele a melódica mirada
de profundas raíces,
e incómodos silencios.
En estas calles cerradas
por crisis de encuentros,
hay todavía una butaca ocupada,
y esperas en cielos abiertos
cargadas de fados y secretos;
rostros iluminados
por amores imprudentes,
sin billetes de regreso,
a lugares decentes.

En aquella foto

Creo que no siempre,
eché de menos
mi ausencia intencionada
en aquella foto,
imagen de un día tan finito,
como este de hoy.
El universo imperfecto
conspiraba ciego
por un minuto eterno.
Ya no podría dibujarte.
De tu rostro apenas
algún trazo débil,
perdura.
Hoy eres ese leve contorno
que desafía aún
la solidez del olvido.
Creo que imaginé
muchas tardes,
esa foto ocupada.
A veces, en libros
leídos en parques,
con el atardecer
sobre alguna imagen
que pudo ser tuya.
El tiempo no retuvo
ese instante juntos,
y eso es una ventaja
para de nuevo,
intentarlo.

martes, 9 de abril de 2013

Fragilidad y palabras

Supongo que sí,
dormito en una espera yerma
de diarios cargados
de cuentos y letras
todos heridos, todas sedientas.
Me ablando con las vidas
que otros derraman,
y apago rápida el fuego
que en voraces atardeceres
alimento con abismos
blandos y humanos.
Trazo con los dedos
líneas que marcan caminos
demasiado estrechos,
demasiado breves,
sobre el surco que creaste.
Las fiebres de abril piden paso
por aceras atestadas
de esperanzas y pérdidas.
Los sueños en las farolas,
muestran ese hilo de luz
que rastrea alegrías
entre los rostros más tristes.
Supongo que sí,
no supe esta vez retener
tu eco entre miradas.
Pero siguen aquí
este rumor de mundo
que no acaba de nacer,
y la vida cotidiana
siempre anhelante
que asciende y desciende
por la fragilidad de las palabras.

viernes, 22 de marzo de 2013

Regreso a Madrid

Regreso a Madrid,
donde el destino,
niega la luna llena,
y borra sombras.
Voy a escribir
en las paredes
de tabernas
que sirvan vino dulce.
Déjate ver.
Regreso a Madrid.
Reto a la suerte:
'no te cruzarás conmigo'
ella dice que sí.
Quiero creer.
Entraré,
despacio en las calles,
con el pulso
arrítmico del deseo.
Iré cayendo
entre rostros,
¿dónde el tuyo?
Déjate ver.
Regreso a Madrid.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Lluvia

Hoy confundo los faros
que marcan el regreso y el naufragio.
Las huellas encendidas,
envejecen.
Voy con un cansancio usado,
leyendo titulares,
palabras sueltas,
páginas pequeñas.
Y de nuevo, ese miedo oxidado
que persiste,
entre el delirio de verte otra vez,
y el absurdo de tenerte,
cuando ya no existes.
En la espuma mal trazada del camino,
quedé varada,
y no avanzo,
sin el aire que respirábamos juntos.
Después del mar,
me fui al exilio, a buscar
la vida que quedaba.
Hoy supe de la lluvia
en otros campos,
de la luz que humedece
y prende, por ausencia.
La tierra deshabitándose,
y aquel lugar donde ella va,
que quisiera bello,
se puebla.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Te recuerdo

No hay recuerdos.
Emerjo con la nada desde el alba,
atenta al murmullo de quienes no durmieron,
pendiente de la elipse de la tierra,
indiferente al tiempo y sus agujas.
No hay recuerdos.
Soy un mar derramado
en el mapa de otro lecho,
ordenando el mundo que me ocupa,
y el desorden simple que alimento.
No hay recuerdos,
ni en la promesa del día,
ni en mis secretos deseos.
Pero sentiré de pronto,
el peine enredado en el espejo,
y ese rostro callado, que devoró mis sueños.
Una ausencia con figura pasajera
anudando brazos, vientos,
en la región señera de mi cuerpo.
Vuelvo la cara a la pared abierta,
al paro de corbata y medias,
a cualquier forma de guerra.
Sale temprano el olor a metro,
a pan, a amores dispersos.
El mundo se habita, sin recuerdos.
Pero alguien olvidó tu voz
en la pintura incierta de las calles;
en el trazo débil de una frase lenta
que voy siguiendo.
Sonrío a la mano que me espera,
y en ella, te recuerdo.