mejorlavidasimple

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sábado, 25 de febrero de 2012

La primavera que pronuncias

Y si fuésemos capaces de crear
un mundo sin enemigos.
Y aprendiésemos a andar sobre las cuerdas
de universos que pintan otros desórdenes.
Y si no sólo pensáramos en que otros nos eduquen y empleen,
sino en educarnos y emplearnos por cuenta propia.
Nos lo debemos a nosotros mismos,
a este derecho y necesidad nuestra de ser felices,
no sólo un cuerpo libre concreto y visible,
sino un alma libre indefinida y etérea.
Y si confiásemos en nosotros,
tanto como en las estadísticas y
el dinero que algún día poseeremos, o no.
Tal vez cambiásemos algo, o tal vez.
Quizá construiríamos otro mar, tan azul como éste;
y otra tierra, tan madre como la que conocemos.
Y si, mientras leo el libro
que habla de voces despiertas en las calles,
la primavera que pronuncias
me esperase sin reloj,
yo me derrumbaría con gozo sobre mi vida pasada.

sábado, 18 de febrero de 2012

Y me enamoro

Hay una rama partida
que no puedo devolver
y se cruza en mi camino.
Hay un cuerpo curvado
que apenas camina,
cuando aceleraba el paso.
Hay una hoja que confunde estaciones,
en un árbol desnudo
si no fuera por ella.
Hay un regalo que espera en la puerta,
ocupado con la lluvia.
Y me enamoro
de la rama seca que recorre el suelo;
de la imperfección del cuerpo,
por el baile de su fina estampa al inclinarse;
de la hoja que sale al encuentro
del día y su ausencia;
del cartón mojado que protege
con aliento la sorpresa.
Al tacto de los amores pequeños,
dibujo líneas en mis mapas,
que unen éxitos diminutos,
con grandes fracasos.
Muevo los barcos que surcan
el mar de fondo de los vasos.
Y me enamoro
de lo que queda.

jueves, 9 de febrero de 2012

Cena temprana

Atraviesa un túnel estrecho de ideas,
para llegar sin cita previa a una salida incierta.
Le alcanzan los destellos de tristezas y felicidades ajenas,
que aliñan una cena temprana.
Respira y se detiene.
Se sienta con el cartel de silencio visible en sus pupilas,
y por eso, la conversación se entabla sin mediar palabra.
Juega con el reflejo de su mano sobre el cristal de la mesa,
Y por un momento,
piensa que la vida es más fácil para sus piernas,
instaladas a una distancia prudente del corazón.
Se empeña en salvar del altar,
el absurdo que cuelga del techo,
sus lágrimas durante la película;
las melodías nómadas de este invierno,
o esa presencia básica de lo ínfimo.
‘¿Has terminado?’ Reconoce la voz y la pregunta.
‘En realidad, no he empezado. Te estaba esperando’.