mejorlavidasimple

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martes, 3 de mayo de 2011

En-cuentro

En otro cuento, no fue él sino ella quien se paró a saludarle.

- ‘Hola, cómo estás? Te acuerdas de mí?’
- ‘Pues (silencio, infinito para ella) pues…’
- ‘No te preocupes, supongo que te parará mucha gente. Nos conocimos hace años, en la sala Galileo’
- ‘Ah, sí! Cómo estás? Qué tal te va todo? (Ella nunca supo si fue un si sincero o cortés. Eligió sincero, porque él era de los imprescindibles)’
- ‘No tan bien como a ti, pero hacemos lo imposible para no naufragar del todo’ (silencio, eterno para ella, retiró la mirada un segundo para evitar ser delatada)
- ‘Bueno’
- ‘Sabes, me hizo ilusión escucharte en la radio cuando estaba trabajando en Perú. Me alegra saber que te va tan bien con tu música. Eres muy bueno.’
- ‘Gracias. Y a ti, qué tal te va?’
- ‘A mí. Bien, bien. Sigo con mis misiones, viajo y apenas estoy en Madrid’ (en realidad, pensó ella, intenté arreglar un mundo injusto y maravilloso, pero cada día me siento menos capaz, son gajes del oficio de vivir sin profesión ni fronteras). ‘Te tomarías un café un día de estos, voy a estar aquí un tiempo’
- ‘Sí, claro. Tienes mi teléfono?’
- ‘Sí, de la otra vez que nos cruzamos. Pero de eso hace un par de años, lo has cambiado?’
- ‘No’ (El sonríe como si de repente recordase algo o a alguien; y su gesto acaba dibujando en ella una sonrisa gemela).
- ‘Perfecto. Te llamo y hablamos con calma y un café’ (Se despiden y se alejan. Ella quiso pero no se volvió para verle de nuevo, solo se preguntó cuántos años habrían de pasar para volver a encontrarle).

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