mejorlavidasimple

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lunes, 22 de noviembre de 2010

Olvido

Escribo a pesar del eco de la noche, del cansancio de los sentimientos mecidos durante todo el día, durante toda la semana, durante todos estos años. Entro en la visión amarilla y arenosa que me acompaña desde que deje el desierto, la caricia ardiente por el día y helada por la noche, al contrario que el amor, y no por ello menos misteriosa, afectiva y dolorosa en determinadas circunstancias. Rezo al dios de los pobres, de las lágrimas, de los desplazados, de los enfermos, de los ignorados, de los niños, de los poetas anónimos, de las víctimas, de los basureros humanizados o de los abandonados en los vértices incómodos del mundo, solo creo en este dios, es el único real. No ha llovido desde hace días. De alguna manera, decía Aute, de alguna manera que yo todavía desconozco, se materializa ese olvido, tan necesario y justo algunas veces, y otras tan cobarde e indigno. Palpita el cursor sobre la última letra, y regreso al pequeño lugar en algún punto del pecho en donde una luz incansable me recuerda que hay vida ahí dentro, y que mientras luzca, seguiré latiendo.

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