mejorlavidasimple

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martes, 16 de mayo de 2017

acercamiento

como tus asas
como tus astas de esparto y viento,
ceniza de cigarro en la escalera,
olivo y carretera por encima del pecho.
como tu adiós,
como tu firme hasta luego, que nunca
supo a beso.


como tus uñas,
como tus manos fantasmas por detrás del espejo,
tu sana inclinación a no echar
nada de menos.
cañas y barcos buscando entre la sal, un marinero.


como un haz,
como guerrero apático que va perdiendo el pelo,
como pájaro alérgico al aire,
como hombre de papel que no puede
sujetar su cuerpo.


vagabundo desorientado por el valle profundo del afecto,
escalador de musas,
señor de las cimas más altas y claras
del tedio.
acércate,
que no te veo.


como la tela mágica
que hace de tu voz, un aguacero.
como dios abatido frente a mí

todavía cayendo
y aún,
sin tocar el suelo.


buceador hinchado por tragos solidarios,
por lechos abonados,

por sufrimientos paganos,
por un temor de abril incontrolado.
como león castrado,
como espuma que entra por la carne de un pez abrumado.


como imposible
mío.


como boca que sabe taponar derrotas.
como el frasco que guarda las uvas rotas.
como pupila entrando en la bañera,
como tus yemas

hundidas en la tela o en las piernas.
muñeco que agarra por la cola a las sirenas.
alumno de fiebre fingida
cuando te mira de frente o te hace muecas
la vida.

como tronco áspero,
como el cuello del deseo al soltarlo de golpe en el granero.
como la mano que te presto, posada en tu temblor hasta vencerlo.
como el césped negro,
como un corazón ciego,
el mío.
como tus párpados
que nombran las cosas y logran que estén,
sin saberlo.
acércate,

que yo también
lo siento.

martes, 9 de mayo de 2017

un mal tipo

lo harías astillas,
con la misma fuerza que lo construiste un día.
lo borrarías
lo destruirías
lo arrasarías.
lo empujarías desde la repisa al suelo,
recogerías los pedazos uno a uno
asegurándote de tirarlos.


lo dejarías sin llaves,
lo pondrías en una bolsa negra y en un cuarto atestado de fieras.
lo injertarías en una maceta, sin agujeros, sin tierra,
sobre la superficie solar
y que allí,
ardiera.


porque
no es bueno todo lo que es libre,
ni puro todo lo que es salvaje,
ni bello
lo que nace con belleza de una madre.


preguntas
si vas a perder la cabeza,
si verás rodar tu alma en la escalera,
si vivirás de pan congelado, de veletas
cuando no te quede ni un ahorro en la cuenta.
no hay respuesta.


lo golpearías
lo arañarías
lo extinguirías
lo ahorcarías con la cuerda de un cometa,
lo quemarías, también a sus proezas.
porque
no es digno
de las vidas que se lleva.


lo reconoces
por el dolor en el pecho que las olas no cierran,
por ese cráter sumergido que cubre tu chaqueta,
por ese hundimiento de altura,
por la destrucción de lo tuyo
de lo íntimo
de la buena fe que pusiste para que existiera.


lo condenarías al diente de las orcas,
a cadena perpetua.
lo encerrarías
lo anularías
lo vaciarías por las deudas contraídas,
por ese miedo podrido que ha cubierto de resina caliente lo vivido.
por tantas cenas de estiércol con el cuchillo en vilo,
por el veneno molido
usado y masticado,
por el destrozo causado al estirar los nervios dañados.


al final,
se fue el aire que ocupaban las rosas,
el suave movimiento,
las alas en las hojas,
la mano compañera aguantando la espuma dolorosa.
no está

ese leve calor del alimento en la boca.
y parece mentira
que alguna vez llegase puntual la risa,
y se fijase en ti
y se posase sin prisa.


a veces, antes del mar
el agua dulce encuentra un muro que doblar,
un tipo de amor
que arrancar.




 

miércoles, 3 de mayo de 2017

pasatiempo

detrás de tu odio,
esa profunda tristeza,
ese orgasmo cortado, la pólvora húmeda,
la cáscara de leche,
la munición sin estrenar del atleta.
y un desierto mágico,
un páramo de hierros con las puntas del pelo al sol
y medio abiertas.


detrás de tu odio
se agolpan tus pecados,
tus otros embarazos,
tu vida mutilada por todos los errores que cometes despierta.


y todo mancha,
manchan las pieles frescas,
mancha tu obligación de huir de la miseria,
macha tu deslucida acción,
manchas de calamar gigante y tinta negra.

detrás,
está la masa de la escultura helena,
la tiza en la pizarra,
la ingeniera ambulante por las salas.
y otro amanecer en el mismo cuarto sentada
lejos del horizonte,
de la luz naranja.
detrás,

está tu cárcel de esperanza,
tu tumba junto al mar
frente a un ordenador lleno de marcas.

eres el cuerpo que no puede
fecundar calma.

porque detrás de tu odio
tienes un alfiler en tu espalda,
una avalancha de fieras,
un fuerte olor a plasma,
un enjambre de rostros que no han de darte tregua ni reposo.
y entre ellos,

el tuyo.

el tuyo que colocas frente al espejo
y obligas a quedarse quieto.
que no miras ni acaricias
que sabes contraído, tímido,
atractivo con límites y un pensador fallido.

pones tu ojo
sobre una arruga, un pliegue del párpado,

una clara irritación de la pupila,
una posible verruga, un colmillo desgastado,
o una grieta en el labio que levemente supura.
al final
la suerte
no fue tuya.


detrás de tu odio,
está la abeja reina que agoniza,
la guerrera de plumas,
la loba hinchada y la presa fría,
ese espíritu errante
que conserva sus huesos de reliquia.
has visto otras
pero nunca tu cara
bajo una luz derretida y mustia.

sientes que
cuando todo sentimiento sea un pasatiempo de ida,
él no podrá volver como volvía,
tú no le escogerías,
aunque pase este odio,

y lo pida la vida
de rodillas.




jueves, 27 de abril de 2017

no es un lugar

aquí
hay espinas a las que les salen rosas y se incomodan,
rosas que acaban arrancadas
porque las propias espinas las devoran.
hay jardines enteros
de amapolas.


el tiempo es frío
como el papel de plata arrugado en el cesto de la ropa,
asido entre dos olas hasta ser una bola.
la vida es indigesta,
como una lava dura

o una arena cruda.

aquí
las agujas se mueven locas,
están sobre la nuez del que seca sus sobras sobre un cartón de vino y a la sombra,
del que huele a corral de rutina,
del que sabe que sus hijos, le ignoran.
aquí
de nada sirve escupir al reloj ni limpiarse las botas.


no corras, y dile que le odias,
pero quítate el cuchillo de la boca
o pensará que aún le quieres
que estás turbada
o que le adoras.


en el parque
hay borrachos con móviles que hablan en español con Roma,
con París, con Dublín,
con pasarelas de moda.
hay colgantes de lana en las ramas que están siempre sin hojas,
hay lilas, lo sé,
pero son de otra.


aquí
no hay forma de aislar las penas,
las emociones se sientan a la mesa,
el mejor y el peor momento, se mezclan.

durante el día
sale de los labios una lágrima,
del estómago un grito,
y la saliva que tragas, sale de la mirada.

cuándo alguien
quiere saber qué te pasa,
nunca aciertas a decir nada y les cuentas
tu vida inventada.

no corras, y bórrate la tinta de la cara,
vas a quitar la piedra de la almohada o no lograrás dormir en esta cama,
nadie
cambió las sábanas.
aquí
no hay noches
pero hay lámparas oscuras,

polillas con reproches,
animales nocturnos que tienen sueños torpes.
y hay campos

cultivados por él,
abonados por él,
vigilados por él.
por eso mañana vas a salir de aquí sin recoger tus cosas
fingiendo que estás loca,
o pensará que aún le quieres
que aún sigue siendo la espina

que devora
la rosa.

jueves, 20 de abril de 2017

antigüedades

no sé cuándo supe
que no volverías.
siempre eres lo que no regresa
lo que llama pero no se presenta.
siempre lo que se escapa
goteando entre las conchas,
filtrándose
por las alcantarillas de un sueño amoratado y escaso,
por los grifos del cuerpo
que aún

no he cerrado.

la balanza de la cama se inclina hacia el lado que duermo.
no hay más,
salvo el amor calcinado que encontré muerto hace años.
siempre creo que hay un futuro juntos
pero escondido y herido,
que no sanará nunca.
siempre queda un farolillo rojo al final del pasillo,
un niño que me llama
con otro nombre, no el mío.
un gorrión que me agarra en la pelea
que me aparta el pelo de la cara
y me limpia con agua
y me dice que es tarde,
que es la hora, mamá, de regresar a casa y del desarme.


como otras veces
pongo en marcha una vieja quimera

y al pasado lo callo echando tierra.
eres un cuento falso,
como todos los cuentos que me han contado.
eres la esperanza de trapo,
el sol en el fango,
eres el gladiador que en todos mis finales
quiere ser devorado.


el día se mueve en un espacio
donde quedan estrellas
pero como no estás, no quiero verlas.
qué absurda melodía me haces bailar contigo
sin prestarme tu abrigo.


no sé cuándo fue
la última vez que nos vimos,
y ahora,
bajo el efecto del té consumido
ya no recuerdo
si esa vez, hablamos o nos quisimos.
vivir es olvidar de forma voluntaria
lo que nos hizo daño
y lo que perdimos.


si veo por la calle a la derrota,
la ignoro,
no quiero que venga a saludarme,
cuando tú no estás, no estoy para ella ni para nadie.
es un mal momento para encuentros,
mucha debilidad calándome los huesos
y demasiada humedad
en un cuarto sin luz y tan pequeño.


no soy un colibrí de piedra,
me duele el corazón cuando te llevo
cuando te mueves dentro,
cuando la suerte se hunde a una profundidad
que yo no llego.


ya no regresarás,
pero sí escribo que no te espero,
miento.
hoy sé quitarme estas ganas anudadas
el anillo blanco
y el sabor largo del verano,
quiero perder el lastre de tus átomos.
pero no sé dónde dejé el pan cortado
y esta mesa está llena de migas deshechas.
a veces,
levanto la tirita
y toco la costra como una niña,
a veces, no me atrevo
y la pego de nuevo.


hay un momento
en que todas las cosas empiezan a mecerse
y caes sobre mi ropa,
y yo me deshago de ti lentamente,
porque sé que no estás
porque sé que son
sólo
antiguas motas.





 



martes, 4 de abril de 2017

intentos

era la bendición de la pausa,
el cuerpo que a gritos en el acantilado no podía explicarte nada,
el viento cargado de piedras finas que azotaban.
debajo
las olas columpiando sirenas sobre una barca atestada,
las olas querían comer
y tú eras carne sufrida pero carne blanda.
después

el mar se para
y te mece tranquilo por el suelo de casa.


qué casa
qué mar
qué cuerpo
hoy has reventado tus principios en una sola mañana.
fue fácil y negro,
a las niñas inocentes también les crecen las garras,
los colmillos de metal,
las espinas gruesas bajo la crema hidratante y el gel de ducha en botella blanca.


tal vez
exista un nocivo destino
una especie de suerte invertida que nace en las zonas grises
en los puntos ciegos de la calzada,

existe
como existen las injusticias y las desgracias
a las que luego la historia quiere limpiar con lejía las pisadas.


aún piensas
en tus sueños vírgenes.
te importan
las estrellas maltratadas que van hacia el suicidio sin cambiar de galaxia,
las bocas cementadas sin carmín ni palabras
con una mano que siempre las tapa.
te importa
porque conoces
la falta de valor de quien no puede salir de la jaula,
las debilidades, la frustración que bloquea una vida entera,
la flor enmohecida en el agua podrida que antes fue color y olor en tierra amiga.


hay débiles esfuerzos que cuestan a sus dueños grandes hazañas,
los años pasan
los dueños mueren
y no han logrado el viaje anhelado a la cumbre nevada del Himalaya,
no han cruzado el Egeo,
no han besado los párpados que amaban.
es así,
no debería serlo
pero lo será, y el mundo se aguantará las ganas.


tú tampoco
vas a cambiar nada,
los árboles no crecen sin estirar las ramas,
los pájaros no vuelan sin alas.
quizás
algo cambió pero tú no estabas
no estabas conectada.
es la enfermedad del siglo,
las modas circulan por la red como polen buscando un pulmón con asma,
y todas las excusas
acaban por explotar en la cara.


es tu hora de comer
es tu hora de acariciar la orquídea mustia que parece cada día más cansada,
ella tampoco se entera.
ha llegado la primavera
y no se da cuenta.


hoy has reventado tus principios en una sola mañana,
pides perdón y pides la bendición
de hacer una pausa.
lo intentaste
y lo intentas cada vez con menos fuerza.
no crees que el mar que golpea
haga de ti un águila tranquila que espere su momento con paciencia,
una rapaz segura y solitaria de mirada afilada
que no busca tocar la cima

sólo
habitar la montaña.

jueves, 30 de marzo de 2017

como todos y todas

pisas el hematoma,
la mancha que proyecta tu pelo oscurecido de repente,
esos gestos tuyos
recientes
que insultan la elegancia de las normas,
que detestan
la pubertad de las formas.
te sientas con demencia y platicas con la anciana que mece medio cuerpo y su cigarro
en la fachada.
la tarde se hace vieja, como todos y todas.


ocurre en las horas más largas,
entre las once y las dos de la mañana
entre las tres y las seis, de madrugada,
cuando los gorriones cantan o duermen como plácidas larvas.

sacas a pasear con correa tus penas y las dejas sueltas para calmar necesidades y tristezas,

vas con tu bolsa negra de plástico en la cartera
y recoges excrementos o maleza,
lo que deje sobre el suelo
la pereza.


tu futuro tiene el vientre plano del calendario.
estás helada de estío,
doblada de golpe por el frío.
qué duros te deja los tendones ese cuarto vacío.
te sacudes el deshielo y tu nieve se junta con el humo de la anciana
que regresa a la ventana.
aquello
es algo que adoras,
es la imagen de un museo callejero,
es arte usado,
un cuadro con el marco torcido en tonos claros,
o sólo
un papel que anuncia cuentos sujeto con un alfiler al cemento.


aplastas la hierba,
levantas la tierra, escarbas con fuerza,
buscas una libertad que ya no crece en cualquier parte como antes.
te paras junto a una farola que luce sola
parece el único fuego de una cocina donde se cuecen heridas.
para ajustar tu ropa
paras frente a un vidrio que te devuelve una a una y lentas tus noches rotas.
te quedas un minuto atrapada en la tienda de mascotas
protegida en su interior apagado y sin abrir la boca.
te quedas el tiempo justo para notar
que no lo has conseguido,
el tren se ha ido
sin él y contigo.


ya no concedes entrevistas a la muerte
ahora mides los riesgos
y los miedos.
ahora cambias continuamente de rumbo y si puedes
de recuerdos.
la mujer de la fachada suspira por amor mientras hecha la ceniza en la baranda,
y tú utilizas su nombre
para llamarla.


desde arriba
dice que ni viuda ni jubilada, ni virgen ni casada.
se toca la melena que no está
pero estaba,
sacude la bata, caen flores cortadas de lata,
óvulos secos que murieron dentro de su cuerpo,
colillas todavía encendidas,
granos de sal que ya no puede echar en la comida.
la agita como un mantel, una sábana,
esa prenda que lleva puesta como una capa.
después se tira.
reaparece en el portal
y es una niña.
te dice que son trucos para reírse un rato de la vida.


cuando te vas,
te permites a veces un chaparrón de angustia,
te concedes un punto de sutura,
algún viaje huérfana de maletas, sin torres de defensa.
porque al final,
otras tardes se harán viejas.
habrá fachadas,
cigarros que iluminan las ventanas,
ancianas que se asoman,
niñas que cruzan los portales a deshora y que curan a mujeres

que caminan solas,
como todos y todas.